Romance, Rafael De León

El poeta se acerca a una mujer, temeroso de que lo rechace. Se nos indica la edad del mismo, 52 años, con pelo cano pero deseoso de amar. Cuando nos dice que tenía miedo a ser rechazado, es una forma de sincerarse con el lector y también con el recuerdo del momento en que se lo dijo a la joven.

Ella es mucho más joven, él le dobla la edad, y la joven es muy hermosa. Ante nuestra sorpresa, ella le corresponde y esto, para él, es agua fresca cuando hace calor. Ella se echa sobre él, lo tira al suelo mientras lo besa profundamente sin importarle nada más. Para el poeta ese momento fue como el del día de su boda. Todo parecía que se había unido para ese momento. Tiene grabado hasta el olor de la piel de la joven.

Como no podía ser de otra manera, todos hablan de su relación, que parece que no aprueban por la diferencia de edad. Hay chismorreos, opiniones, etc., sin distinción de clase social ni edad. El poeta es consciente de la reticencia social, pero su amor es verdadero y al ser correspondido no le importa.

Ama a la mujer y su belleza. Siente que mientras ella lo ame no le importan los chismes, lo que diga o no la gente o los que lo rodean. Ella le da fuerzas con su amor. Se ha entregado completamente y le da todo y desea ser todo lo que necesite y pida. El poeta la ama y es correspondido y se pregunta dónde está escrito que dos personas de distinta edad no puedan estar juntos si se aman. Él tiene claro lo que siente y su amor no cambia. Si alguien no le gusta, a él no le importa porque su relación sólo atañe a ellos dos.

La diferencia de edad, en el amor, siempre sido un tema muy discutido y en el que hay mucha polémica. En este caso, el poeta nos presenta un hecho muy concreto: el amor entre dos personas con una importante diferencia de edad. Sin embargo, el lector se pone de parte del poeta porque no solamente la ama de corazón, sino que ella le corresponde y esto le da una autenticidad al poema con el que nos sentimos, como lectores, identificados y deseamos que ese amor siga adelante.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Romance

Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

En las sienes me latían
cincuenta y dos desengaños;
gris de paisaje en los ojos,
risas sin sol en los labios,
y el corazón jadeante
como un pájaro cansado.

Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo, ¿por qué negarlo?

Te reventaba en la boca
un clavel de veinte años
y en la mejilla un süave
melocotón sonrosado.
Cuando dijistes: «Te quiero»
fue tu voz igual que un caño
de agua fresca en una tarde
calurosa de verano.

Se me echó encima el cariño
lo mismo que un toro bravo
y quedé sobre la arena
muerto de amor y sangrando
por cuatro besos lentísimos
que me brindaron tus labios.

De la sien a la cintura,
de la garganta al costado.
¡Qué boda sin requilorios
sobre la hierba del campo!
¡Qué marcha nupcial cantaba
el viento sobre los álamos!
¡Qué luna grande y redonda
iluminó nuestro abrazo,
y qué olor el de tu cuerpo
a trigo recién cortado!

El pueblo, a las dos semanas
hizo lengua en los colmados,
en las barandas del río,
en la azotea, en los patios,
en las mesas del casino
y en los surcos del arado:
«Un hombre que peina canas
y que le dobla los años».

Es cierto que peino canas
pero en cambio, cuando abrazo
soy lo mismo que un olivo,
igual que un ciprés sonámbulo,
Cristobalón de aguas puras
que atraviesa el río a nado
si ve en la orilla unos ojos
o una boca hecha de nardos,
para cortarle el suspiro
con el calor de mis labios.

Que me escupan en la frente,
que me pregonen en bandos,
que vayan diciendo y digan.
Tú conmigo; yo a tu lado
respirando de tu aliento,
yendo al compás de tus pasos,
refrescándome las sientes
en la palma de tu mano.

Centinela de tus sueños,
hombro para tu descanso,
Cirineo de tus penas
Y San Juan de tu calvario
para quererte y tenerte
en la noche de mis brazos.

¡¿Qué importa que haya cumplido
cincuenta y pico de años?!
¿En qué código de amores,
en qué partida de cargos,
hay leyes que determinen
la edad del enamorado?
En cariños no hay fronteras,
ni senderos, ni vallados,
que el cariño es como un monte
con un letrero en lo alto
que dice sólo: «Te quiero»
Y colorín colorado.