Reír Llorando, Juan de Dios Peza

Se nos presenta un personaje público: un actor al que todos consideran afortunado. Tiene la capacidad de hacer que cualquiera deje atrás sus penas y se alegre, se divierta con sus actuaciones. Sin embargo, casi iniciado el poeta hay un cambio de tono y de situación espacio – temporal. Un paciente llega a la consulta de un médico, sintiéndose enfermo y sufriendo emocional y físicamente.

Este hombre se siente vacío, insensible y sin ganas de seguir adelante. El médico le ofrece todo tipo de soluciones a su problema, pero estas no responden a las expectativas del paciente, ya que es un hombre que ha conocido mundo, es instruido, ha sido deseado y amado por muchas mujeres y, además, es de noble cuna y con recursos. Posee riquezas, es admirado y al mismo tiempo se siente solo y muerto en vida.

Es consciente de que lo que le rodea es una imagen de personas aduladores que odia. Finalmente el médico le aconseja una distracción, ver actuar al famoso actor que el poeta nombre en la primera estrofa. El médico se sorprende cuando el enfermo es el propio actor, que lo tiene todo y más.

Este actor expresa que cuanto más hace reír más desgraciado se siente. Su risa es su forma de llorar y por eso se dirige al lector para que desconfíe de quienes se ríen, porque ocultan una gran tristeza. Creer en algo es un apoyo, pero al perder la fe, la risa es una extensión de la pérdida.

Todo lo que nos rodea es falso, algo irreal y la vida nos hace fuertes. Para este actor, muchos están en la vida viviendo una eterna mascarada de muchos caminos vitales y lo único que hacen es esconder los sentimientos reales, la tristeza por el sufrimiento detrás de la risa, actuando un día tras otro.

A través de una pequeña historia, de cuento con mensaje, el poeta nos presenta una realidad que no es algo inhabitual en la sociedad en la que vivimos. En cualquier momento de la historia, ya sea el pasado o en la actualidad, existen muchas personas que se esconden tras un personaje que alimentan día a día y que oculta su verdadero yo. Renuncian a ser sinceros, a mostrarse como son de verdad, qué sienten y cuáles son sus deseos, anhelos, sueños y tristezas, para ocultarse tras una máscara, que lo único que consigue es hacerlos más desgraciados y tener que inventarse una mentira tras otra.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: Reír Llorando

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.