Sin Sobre, Juan de Dios Peza

El poeta recibe una carta de la mujer que ama. Se sabe que es ella porque reconoce su escritura. No está bien de salud y los celos parecen ser parte del problema. Esto hace que incluso afecte a su forma de escribir. Es una mujer muy joven pero decidida. Le dice que ya no le ama, sin embargo es esa misma afirmación la que le hace sentir al poeta que sus sentimientos son todo lo contrario.

Necesita alejarse de él, estar sola y pensar. El la respeta y entiende que su juventud necesita ese tiempo para darse cuenta del amor que los une. Es la distancia la que hace que ella lo eche más en falta. No quiere reconocer sus sentimientos hacia él. La amada se pregunta si le extraña y él, como hombre, no lo va reconocer. Parece que hay una posición de superioridad con respecto a ella.

Él no la ama de la misma forma, seguramente porque es mayor que ella y por la experiencia que tiene. Para el poeta el amor es la mezcla de los momentos buenos y malos. Además, su camino lo vital ha sido importante y le ha llenado por completo. Siente que no hay nada eterno, que todo va y viene, pero que todo lo que se vive hay que aprovecharlo al máximo.

La única razón para amar a la mujer es el propio amor, la sensación de que es ella con quien quiere estar, sin más. Así es como se muestra el poeta: sincero y apasionado, a la vez tranquilo. Decide, aunque ella no lo quiera, buscarla porque la ama y quiere estar a su lado, sabiendo que en el fondo ella siente lo mismo, aunque sus palabras escritas parezcan decir lo contrario.

Cuando acabamos de leer el poema nos quede una sensación un poco extraña ya que, si bien es cierto que por un lado parece que hay dudas acerca de lo que realmente siente la mujer hacia el poeta, por un lado sorprende la doble visión de él hacia ella, ya que por un lado no quiere comprometerse y, por otro lado, es el rechazo de ella lo que le mueve a buscarla, por lo que parece que ese ha sido el motivo de la aparición del amor repentino. El poema no clarifica la situación y, sobre todo, hay una sensación de poca transparencia respecto a los sentimientos del poeta consigo mismo.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: Sin Sobre

Abro tu carta y reconozco ufano
Tu letra fácil, tu dicción hermosa;
Tú la trazaste con tu propia mano
Pues el papel trasciende a tuberosa.

Al escribirla estabas intranquila
Y ya estoy sospechando tus desvelos
Los médicos me han dicho, que vacila
El pulso con la fiebre de los celos.

Veo tus líneas torcidas, descuidadas,
Y esto halaga mis propios pareceres
Porque sé que no estando enamoradas
Nunca escriben sin falsa las mujeres.

¡Con el arrojo de tus veinte abriles,
Has escrito un aumento que me mata!
Siempre ha sido en las cartas femeniles
Importante o terrible la postdata.

No me vuelvas a ver. Ya no te quiero,
Esto me dices con desdén profundo:
Yo traduzco: ven pronto que me muerto,
De algo me sirve conocer el mundo.

Dices que consolando tu tristeza
Vas al campo a llorar penas de amores
Así podrá tener Naturaleza
Coronas de diamantes en las flores.

Pero no viertas llanto por tus penas
Que siempre se evaporan bajo el cielo;
Las lluvias del desierto en las arenas
Y el llanto, entre las blondas del pañuelo.

Las horas de silencio son tan largas,
Que comprendo la angustia con que gimes;
Las verdades del alma son amargas,
Y las mentiras del amor, sublimes.

Inquieres con tesón si a cada instante
Busco tu imagen o su culto pierdo,
¿Dónde está, niña cándida, el amante
Que diga en estas cosas: no me acuerdo?

Quien convertir pretenda de improviso
El amor terrenal en culto eterno,
Necesita labrar un Paraíso
Sobre la obscura cima del infierno.

¿Ves ese Sol que llena de alegría
El cielo, el mar, el bosque y las llanuras?
El trae a los mortales cada día
Nuevas dichas y nuevas amarguras.

Cada alma tiene libro que atesora
sus efectos en él, sin vano alarde;
¡Cuánto nombre se agrega en cada aurora!
¡Cuánto nombre se borra en cada tarde!

¿Quién sabe por qué anhela lo que anhela?
¿Quién será siempre el mismo, siendo humano?
Dicha, amor, esperanza, todo vuela
Sobre ese amargo y turbulento Océano.

Y así preguntas con afán sincero:
¿Por qué me quieres?... voy a responderte:
Yo te quiero mujer porque te quiero;
No tengo otra razón para quererte.

¿Tú te conformarás con tal respuesta,
Que de mi propio corazón recibo?
Tal vez la encuentre sin razón; pero ésta
Es la única razón por qué te escribo.

Que yo no vuelva a verte... me propones
Y aunque mi mente vacilante queda,
En vista de tu sexo y tus razones
Allá iré lo más pronto que pueda.