Requiem por Federico, Rafael De León

Estamos ante un poema que trata otra vez el recuerdo del asesinato del gran poeta Federico García Lorca. Así, se sitúa la localidad en que mataron a Lorca y la época del año. Todo el universo flamenco, gitano, sufrió como propia su muerte, su asesinato. El poeta sólo puede ser recordado mediante la poesía porque, al no saber dónde está su cuerpo, no pudieron amortajarlo, enterrarlo y hacerle misa.

Hay un recuerdo de su pelo rizo y que Granada, al morir él, quedó vacía, ese «deshabitada» de la que habla el poeta. La manera de honrarlo, de recordarlo, es mediante la ofrenda de los gitanos. Bailan con tristeza hasta romperse la ropa, algo de gran importancia en su tradición, por él. Los sones son tristes, fúnebres. La ofrenda sigue a la noche, con fuerza, como una espada que quiere y con los «olés» que amaba Lorca.

El poeta, que siente el taconeo de los zapatos de los bailarines como el galope del caballo, recuerda al poeta y lo siente cerca, presente, mientras todos lo extrañan. Sufren quienes amaban su literatura, los que eran parte de sus poemas, los gitanos, y aquellas mujeres que lo deseaban y bailaban para él en vida y buscaban su boca. El poeta hubiera deseado haber estado con él antes de su muerte, haber disfrutado a su lado un último instante.

En la parte cuarta de este poema, hay una referencia a uno de sus poemas. Él no ha podido ser amortajado. Una mujer, su belleza, le hace recordar al poeta la belleza de Lorca y, al mismo tiempo, el frío de su piel, como los muertos. El protagonista del poema, en referencia a los Camborios, está muerto como Lorca y esto hace que el poeta llore y grite de dolor por él y por Lorca.

Una nueva referencia al poema «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», al que Lorca le escribió un poema cuando murió en la plaza de toros por una cornada mortal. Se sorprende, muerto, de la pérdida del poeta. Los toros bravos, junto a los trigales y al amanecer mugen, lloran por la muerte del poeta que tanto los elogió. Lorca busca el torero para que le cure, para que le dé fuerzas porque tiene miedo y se siente perdido en la muerte.

El personaje de Bernarda Alba, también busca el poeta para que encuentre en la pared. En este caso el jinete es Lorca y Angustias llora la muerte del poeta y reza por su alma. Pepe el Romano es Lorca y, como el personaje de su famosa obra de teatro, muere.

Aparece otro personaje de los textos de Lorca, Marianita Pineda, quien cose la ropa con detalles en rojo, que recuerdan a la sangre derramada y la belleza de la rosa. Muerte de Lorca y belleza del poeta. Lo que cose también es la mortaja que, como dice el poeta, es para el propio poeta andaluz.

Aparecen nuevas referencias poéticas de la obra de Lorca, en este caso a la obra «bodas de sangre». Una referencia a la muerte, a la sangre derramada por el odio sin razón. La pérdida de Lorca es como la pérdida del hijo único para una madre. Al final, una bala acabó con la belleza de ese hijo y no una navaja.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Requiem por Federico

I

Lo mataron en Granada, 1
una tarde de verano 2
y todo el cielo gitano 3
recibió la puñalada... 4

Sangre en verso derramada, 5
poesía dulce y roja 6
que toda la vega moja 7
en amargo desconsuelo 8
«sin paño de terciopelo 9
ni cáliz que la recoja». 10

(Por cielos de ceniza 11
se va el poeta; 12
la frente se le riza 13
como veleta. 14
Toda Granada 15
es una plazoleta 16
deshabitada) 17

II

«Por el olivar venían, 18
bronce y sueño, los gitanos». 19
En la plama de sus manos 20
como un niño lo traían... 21

Las mujeres se rompían 22
los volantes de la enagua, 23
y el Darro bailaba el agua 24
en un triste soniquete 25
que sonaba a martinete 26
y a cante grande de fragua... 27

(¡Encended los faroles; 28
romped el velo; 29
cantad por "caracoles", 30
que viene el duelo! 31
¡Como una espada, 32
llevadlo, así, entre "oles" 33
por su Granada) 34

III

No te vayas buen amigo 35
quédate aquí con nosotros; 36
están soltando los potros 37
junto a lo verde del trigo... 38

Están soñando contigo 39
temblando de calentura, 40
gitanas de piel oscura 41
y brillante cabellera 42
y hay una boca que espera 43
morderte labio y cintura... 44

(Desnúdate deprisa, 45
que vengo herido; 46
quédate con la risa 47
como vestido... 48
Quiero beberte 49
y que luego dormido 50
venga la muerte...) 51

IV

«Rosa de los Camborios 52
gime sentada a la puerta» 53
medio viva y medio muerta 54
entre paños mortuorios. 55

A la luz de los velorios, 56
con pena de jazmín chico, 57
cual dos palomas sin pico 58
muestra sus pechos helados, 59
heridos y acuchillados 60
lo mismo que Federico. 61

(¡Que doble, bronce y plata, 62
la Vela, Vela, 63
que se ha muerto la nata 64
de la canela! 65
Mi bien amado 66
de limón y ciruela 67
va amortajado...) 68

V

«Ignacio Sánchez Mejías 69
con toda su muerte al hombro» 70
sale pálido de asombro 71
a las barandas sombrías... 72

Todas las ganaderías 73
mugen a la misma hora 74
y en el filo de la aurora, 75
junto a los bravos erales, 76
sobre el mar de los trigales, 77
la brisa también lo llora... 78

(¡Ignacio, dame el vaso 79
con el ungüento; 80
no puedo dar un paso, 81
ya no me siento! 82
Quiero abrazarte, 83
pero me ciega un viento 84
de parte a parte...) 85

VI

Dentro de su traje oscuro 86
te nombra Bernarda Alba... 87
la tarde pinta de malva 88
la rosa blanca del muro. 89

En la calle pisa duro 90
un caballo sin jinete; 91
dan en la torre las siete 92
y Angustias, con voz sombría, 93
solloza un Ave María 94
derrumbada el el poyete. 95

(Por la tapia del huerto 96
te llamé en vano... 97
—¡Dime que no está muerto 98
Pepe, el Romano!— 99
Ciego de zambra, 100
con un Ángel gitano 101
va por la Alhambra...) 102

VII 103

—¿De quién es ese lamento 104
que sobre la noche rueda?... 105
—De Marianita Pineda, 106
que está bordando en el viento... 107

Con hilos de sentimiento, 108
a la vez que borda y canta 109
y con mano fina planta 110
entre sangrientos jardines 111
una rosa de carmines 112
que enjoyará su garganta... 113

(¿Qué bordas, Marianita, 114
sobre esa tela? 115
La flor para una cita 116
que me desvela... 117
¡En seda cuaja 118
lo que Granada grita 119
que es su mortaja...) 120

VIII

«¡Hijo con un cuchillito 121
que apenas cabe en la mano», 122
de tu romance gitano 123
cortaron la flor del grito! 124

¡Ay, qué dolor infinito 125
de pedernal y de rosa; 126
voy y vengo como loca 127
sin que consolarme pueda 128
porque ni un hijo me queda 129
para llevarme a la boca! 130

(Aquel traje de pana 131
que se ponía... 132
Aquella faja grana 133
que se ceñía... 134
¡Tanto cuidarlo, 135
y una flor de canana 136
para matarlo!). 137

IX

Desde su balcón volado, 138
pálida, triste y mocita, 139
te llama Doña Rosita, 140
con el aliento apagado... 141

Un heliotropo morado 142
le acuchilla las ojeras 143
y corta con sus tijeras 144
adormecidas de herrumbre 145
su corazón hecho lumbre 146
por cincuenta primaveras... 147

(¿Quién cambió los papeles 148
en el piano? 149
¿Quién secó los claveles 150
de mi verano...? 151
¡Ay, qué tormento! 152
¿Dónde estás, primo hermano, 153
que no te siento?) 154

X

Sobre el hoyo de la cama 155
donde su flor se le mustia 156
igual que un río de angustia 157
una mujer se derrama... 158

Llama en vano, llama y llama 159
al hijo que se le esconde... 160
—¿En qué jardines, en dónde, 161
hallar mi nardo de esperma...? 162

Grito preñado de Yerma 163
al que el hijo no responde... 164

(¡A la nana, mi niño, 165
que es madrugada...! 166
¡A la nana, cariño, 167
flor de Granada! 168
¡Si yo pudiera 169
quedarme embarazada 170
yo te pariera!) 171

XI

«Antonio Torres Heredia 172
Camborio de dura crin», 173
llora al filo de la media 174
noche por el Albaicín... 175

Suena la voz de un muecín 176
como una fuente delgada, 177
y desde Sierra Nevada, 178
una paloma doliente, 179
baja a besarle la frente 180
al poeta de Granada... 181

(¿A dónde vas, amigo, 182
con tu secreto? 183
Te llevarás conmigo 184
voz y soneto... 185
¡Cómo gemía 186
dentro de tu esqueleto 187
la poesía!). 188

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