Ojos Verdes, Rafael De León

Este poema es uno de los temas de copla más conocidos de la canción española. A través de una mujer, el poeta nos va a contar un encuentro amoroso con un hombre, todo ello adornado con la belleza del deje andaluz, sobre todo, con una musicalidad que ya la hacen perfecta para ser interpretada por una cantante.

Así, la mujer está de noche en el quicio de su puerta. Nos indica la época del año en la que está y que hace calor. Uno de los muchos hombres que pasan frente a ella, y a los que ignora, se para frente a ella y le pide fuego para su cigarro. La atracción entre ambos es muy intensa y ella le ofrece que se quede a su lado, para pasar la noche con ella.

Él, que también siente atracción por ella, se baja del caballo y ella, al verla se enamora de él. Para la mujer, todo se reduce a unos ojos profundos verdes como la naturaleza, frescos, como la albahaca. Su mirada, él, ha hecho que se enamore de su hombría y su fuerza y esto para ella lo es todo, como su mirada.

Al día siguiente despiertan juntos con el amanecer. Él se va temprano y parece que quiere pagarle, darle dinero para un vestido. Ella lo rechaza porque ha pasado la noche con él porque lo deseaba y eso le llega. De esta manera, la posible relación sexual entre ellos, como si fuera una prostituta, queda completamente apartada. Él se marcha y es consciente de que no sentirá igual junto a otro hombre y que quedará marcada para siempre.

El final del poema es una repetición de la segunda estrofa, como si de un estribillo se tratara. En él, la protagonista del poema vuelve a indicarnos su atracción física y emocional hacia el hombre y de cómo este la ha marcado para siempre, haciendo imposible el poder olvidarse de él.

Como indicamos anteriormente, este es un poema que se utilizado como tema musical dentro del estilo de la copla española. En él se refleja claramente la atracción sexual de una mujer hace un hombre, la relación que se establece entre los dos cuando sienten lo mismo y, sobre todo, como llegada la mañana, cada uno es consciente de que no pueden estar juntos y vuelven a su vida rutinaria sabiendo que ninguno de los dos podrá olvidar a la otra persona. Destaca, además de la musicalidad del poema, el dialecto andaluz que ya nos marca el tono del poema y también una forma de sentir y comunicarse desde el punto de vista afectivo y social muy concreto.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Ojos Verdes

Ojos que nunca me veis,
por recelo o por decoro,
ojos de esmeralda y oro,
fuerza es que me contempléis;
quiero que me consoléis
hermosos ojos que adoro;
¡estoy triste y os imploro
puesta en tierra la rodilla!
¡Piedad para el que se humilla,
ojos de esmeralda y oro!

Ojos en que reverbera
la estrella crepuscular,
ojos verdes como el mar,
como el mar por la ribera,
ojos de lumbre hechicera
que ignoráis lo que es llorar,
¡glorificad mi penar!
¡No me desoléis así!
¡Tened compasión de mí!
¡Ojos verdes como el mar!

Ojos cuyo amor anhelo
porque alegra cuanto alcanza,
ojos color de esperanza,
con lejanías de cielo:
ojos que a través del velo
radian bienaventuranza,
mi alma a vosotros se lanza
en alas de la embriaguez,
miradme una sola vez,
ojos color de esperanza.

Cese ya vuestro desvío,
ojos que me dais congojas;
ojos con aspecto de hojas
empapadas de rocío.
Húmedo esplendor de río
que por esquivo me enojas.
Luz que la del sol sonrojas
y cuyos toques son besos,
derrámate en mí por esos
ojos con aspecto de hojas.