Profecía, Rafael De León

Nuevamente encontramos un poema que utiliza un protagonista que con el dialecto andaluz para desarrollar una historia, a través de los versos, que engancha al lector desde el primer momento y hace que casi podamos vivir la escena a través de los ojos de este personaje, como si fuéramos nosotros mismos quienes lo estamos protagonizando.

Así, este hombre da una limosna y este acto hace que, además de bendecir a su madre, sienta que él también ha sido bendecido con la fortuna. Se encuentra con una mujer que parece que no quiere cruzarse con él, sin embargo se pone frente a ella y le habla de una manera serena. Esta mujer se ha casado con otro y a él no le importa.

Es fuerte y no ha sufrido de amor ni ha querido morirse, tampoco ha sentido que quisiera acosarla. Le desea lo mejor en un matrimonio, no le guarda rencor aunque le haya olvidado. Sin embargo él sabe que nadie le va a querer como le ha querido él.

Hay un Flashback en el que se nos presenta la infancia del niño. El padre de éste le pregunta a la mujer por algo que le ocurre al pequeño, ya que lo nota pálido y triste. No le apetece jugar sólo o con otros niños. Preocupado por lo que pueda ser, le pide su mujer que lo controle y vigile. Esta lo sigue y ve que se dirige a un olivar.

Cuando vuelve a la casa, la mujer le cuenta a su marido que la razón por la que el niño parece que lo está pasándolo mal es porque está enamorado de una chica. El padre, le hace un regalo a la mujer, unos pendientes, como agradecimiento. Después habló con su hijo para conocer quién es la joven a la que quiere, le compra ropa de hombre, unos pantalones nuevos, que simbolizan ese paso de la niñez a la adolescencia, a una especie de mayoría de edad.

Los dos jóvenes intercambian adornos personales, las cintas de ella y el cordón de la comunión de él, en señal de amor. Se ven en secreto y a distancia en la misa. Al salir de esta última es cuando hablan. Él y ella hablan de su amor. Hablan de los miedos y de cómo la joven le habla a él de que tienen que tener cuidado con lo que hacen por mucho que se quieran y deseen, han de esperar y saber esperar.

Tienen que respetarse por todo y todos y porque Dios lo quiere así. Al joven le gusta todo de ella y la colma de piropos. Le hace un ramo de flores y el reflejo de ambos juntos en el agua, es una imagen, una foto, que guardará para siempre. Por la noche, se ven como los amantes clandestinos. Para el joven, siente que aquellos momentos eran casi como estar casados porque la amaba profundamente.

Pero todo eso cambia de manera brusca. El hombre, ya adulto, se da cuenta de que el tiempo hace que la realidad lo cambie todo. Recuerda que ella se casó con otro y él tomó la decisión de que no le importara. Él sabe que su marido es un hombre con recursos. Él joven le cuente una profecía: se va arrepentir de haberse casado con otro y extrañará a quien tiene delante. Sentirá que no eligió bien por cobardía. Pensará y querrá sentir que no es verdad lo que ocurre, que es feliz así y ue no extraña a ese hombre. Comprenderá que a quien ama de verdad es a quien rechazó, a ese chiquillo que olvidó.

El hombre le vuelve desear lo mejor, que tenga hijos hermosos a los que poder cantar, sobre todo, aquella cancioncilla que se cantaban de niños. Él es consciente de que se arrepentirá. Hay un final circular en el que él expresa que la amó de verdad y nadie la amará y querrá como lo ha hecho el. Saber eso le llega.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Profecía

«Y me bendijo a mi mare; 1
y me bendijo a mi mare. 2
Diez séntimos le di a un pobre 3
y me bendijo a mi mare. 4
¡Ay! qué limosna tan chiquita, 5
qué recompensa tan grande. 6
¡Qué limosna tan chiquita, 7
qué recompensa tan grande!» 8

¿A dónde vas tan deprisa 9
sin desirme ni ¡con Dió!? 10
Me puedes mirá de frente, 11
que estoy enterao de tó. 12
Me lo contaron ayer 13
las lenguas de doble filo, 14
que te casaste hase un mé 15
y me quedé tan tranquilo. 16
Otro cualquiera en mi caso, 17
se hubiera echao a llorá, 18
yo, crusándome de brasos 19
dije que me daba iguá. 20
Y ná de pegarme un tiro 21
ni liarme a mardisiones 22
ni apedrear con suspiros 23
los vidrios de tus barcones. 24
¿Que t'has casao? ¡Buena suerte! 25
Vive sien años contenta 26
y a la hora de la muerte, 27
Dios no te lo tenga en cuenta. 28
Que si al pie de los artares 29
mi nombre se te borró, 30
por la gloria de mi mare 31
que no te guardo rencor. 32
Porque sin sé tu marío, 33
ni tu novio, ni tu amante, 34
yo fui quien más t'ha querío, 35
con eso tengo bastante. 36

* * *

—¿Qué tiene er niño, Malena? 37
Anda como trastornao, 38
tié la carilla de pena 39
y el colorsillo quebrao. 40
Y ya no juega a la tropa, 41
ni tira piedras al río, 42
ni se destrosa la ropa 43
subiéndose a coger níos. 44
¿No te parese a ti extraño, 45
no ves una cosa rara 46
que un chaval de dose años 47
lleve tan triste la cara? 48
Mira que soy perro viejo 49
y estás demasiao tranquila. 50
¿Quieres que te dé un consejo? 51
Vigilia, mujé, ¡vigila! 52

Y fueron dos sentinela 53
los ojitos de mi mare. 54
—Cuando sale de la escuela 55
se va pa los olivare. 56
—Y ¿qué busca allí? —Una niña, 57
tendrá el mismo tiempo que él. 58
José Migué, no le riñas, 59
que está empesando a queré. 60
Mi pare ensendió un pitillo, 61
se enteró bien de tu nombre, 62
te regaló unos sarsillos 63
y a mí un pantalón de hombre. 64

Yo no te dije «te adoro» 65
pero amarré en tu barcón 66
mi laso de seda y oro 67
de primera comunión. 68
Y tú, fina y orgullosa, 69
me ofresiste en recompensa 70
dos sintas color de rosa 71
que engalanaban tus trensas. 72
—Voy a misa con mis primos. 73
—Bueno, te veré en la hermita. 74
Y qué serios nos pusimos 75
al darte el agua bendita. 76
Mas luego en el campanario, 77
cuando rompimos a hablar: 78
—Dise mi tita Rosario 79
que la sigüeña es sagrá, 80
y el colorín, y la fuente, 81
y las flores, y el rosío, 82
y aquel torito valiente 83
que está bebiendo en el río; 84
y el bronse de esta campana, 85
y el romero de los montes, 86
y aquella línea lejana 87
que la llaman... ¡horisonte! 88
¡Todo es sagrao: tierra y sielo 89
porque así lo quiso Dió! 90
¿Qué te gusta más? —Tu pelo. 91
¡Qué bonito me salió! 92
—Pues, ¿y tu boca, y tus brasos, 93
y tus manos reonditas, 94
y tus pies fingiendo el paso 95
de las palomas suritas? 96
Con la puresa de un copo 97
de nieve te comparé; 98
te revestí de piropos 99
de la cabesa a los pié. 100
A la vuerta te hise un ramo 101
de pitiminí,presioso 102
y a luego nos retratamos 103
en las agüitas de un poso. 104
Y hablando de estas pamplinas 105
que inventan las criaturas, 106
llegamos hasta tu esquina 107
cogíos por la sintura. 108
Yo te pregunté: —¿En qué piensas? 109
Tú dijiste: —En darte un beso. 110
Y yo sentí una vergüensa 111
que me caló hasta los huesos. 112
De noche, muertos de luna, 113
nos vimos por la ventana. 114
—¡Chssss! Mi hermaniyo está en la cuna, 115
le estoy cantando la nana. 116

«Quítate de la esquina, 117
chiquillo loco, 118
que mi mare no quiere 119
ni yo tampoco». 120

Y mientras que tú cantabas 121
yo, inosente me pensé 122
que nos casaba la luna 123
como a marío y mujé. 124

¡Pamplinas! ¡Figurasiones 125
que se inventan los chavales! 126
Después la vida se impone: 127
tanto tienes, tanto vales; 128
por eso, yo al enterarme 129
que llevas un mes casá, 130
no dije que iba a matarme, 131
sino que me daba iguá. 132
Mas como es rico tu dueño, 133
te vendo esta profesía: 134
tú, por la noche, entre sueños 135
soñarás que me querías, 136
y recordarás la tarde 137
que mi boca te besó 138
y te llamarás «¡cobarde!» 139
como te lo llamo yo. 140
Y verás, sueña que sueña, 141
que me morí siendo chico 142
y se llevó la sigüeña 143
mi corasón en su pico. 144
Pensarás: «no es sierto ná, 145
yo sé que lo estoy soñando»; 146
pero allá en la madrugá 147
te despertarás llorando, 148
por el que no es tu marío, 149
ni tu novio, ni tu amante, 150
sino el que más te ha querío. 151
Con eso tengo bastante. 152
Por lo demás, tó se orvía. 153
Verás cómo Dios te manda 154
un hijo como una estrella; 155
avísame de seguía, 156
me servirá de alegría 157
cantarle la nana aquella: 158

«Quítate de la esquina, 159
chiquillo loco, 160
que mi mare no quiere 161
ni yo tampoco». 162

Pensarás: «no es sierto ná, 163
yo sé que lo estoy soñando». 164
Pero allá en la madrugá 165
te despertarás llorando. 166

Porque sin sé tu marío, 167
ni tu novio, ni tu amante, 168
yo soy... quien más t'ha querío... 169
¡Con eso tengo bastante! 170

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Comentarios

  • ROCA Abr., 2022

    Este poema implica una contradicción. Primero dice: «por la gloria de mi madre que no te guardo rencor» y,a continuación, se conforma con con ser quien «más t´ha querío». Pero, luego la insulta llamándola «cobarde» y al final concluye volviendo a tener «bastante», pero ahora en vista del sufrimiento premonitorio de ella: «te despertarás llorando».
    No es «La visita de la vieja dama» de Dürrenmatt, pero, vamos, que del
    «t´ha querío» inicial al del final va mucho trecho.

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