Carbón, Gonzalo Rojas

El río cruza y parte la zona de Lebo, donde también hay minas de carbón. La zona de costa y sus olores se mezclan con los de la mina y eso le transporta, al poeta, a su infancia. Es parte esencial de sus recuerdos. El olor a cuero, a caballo y la lluvia le traen la imagen de su padre cabalgando, recordando su nombre de una manera notable.

La lluvia cae fuerte y esto es peligroso para los mineros, ya que llena de agua los túneles. El poeta – protagonista, recuerda la felicidad de la llegada de su padre, el ansia por el encuentro. Es un momento en que se junta la felicidad de la llegada y, al mismo tiempo, la tranquilidad de que no le haya pasado nada malo. Él deseaba siempre estrecharlo y sentir ese contacto padre -hijo indescriptible.

El padre está descrito como un minero duro y que se está revelando contra lo que considera una explotación del trabajador. Lo que gana no alcanza para vivir o comer. Es una familia numerosa y el padre tiene lo que tiene con el sudor de su frente y de sus brazos. Incluso ha hecho su propia casa. También se nos dice que la madre ha muerto y que el padre ha tenido que ocuparse de sus hijos, por eso su mirada es dura, inexpresiva, porque por muy malo que haya sido el día el lucha por mejorar.

Estamos ante un poema en el que, por un lado se nos presenta un lugar idílico, ya que esta zona es turística y, al mismo tiempo, las penurias que pasan parte de sus habitantes, mineros, que extraen este mineral para poder subsistir, expuestos a todos los problemas existentes que pueda haber, por un salario que parece miserable y que, en muchos casos, no alcanza.

Sin embargo, aunque el poema en cierta manera tiene un tono de crítica social, tampoco ahonda mucho en la misma. Si bien es cierto que habla de los problemas sociales y de cómo el conflicto entre los obreros y el patrono puede estar cerca. Tampoco ahonda demasiado en esta problemática y tampoco se nos dice ningún tipo de solución que el poeta pueda aportar, con lo que este poema queda un poco desvirtuados del punto de vista de la crítica social.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
—Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.