Los Días van tan Rápidos, Gonzalo Rojas

El poeta es consciente de su edad, que está en una etapa de transición entre la madurez y la vejez, siente que el tiempo pasa de verdad y no puede detenerlo o ralentizarlo, aunque lo intente. El camino vital para el poeta nace de la tierra y acaba en la tierra, con la muerte, el pudrir del cuerpo.

Es consciente de que la felicidad, los buenos días, continúan pero cada vez son menos. La certeza de que la vida termina con la muerte hace que, en muchos casos, no queramos ver la realidad, esta realidad y no deseamos ver que la muerte está ahí. Nos aferramos a la vida e incluso nos engañamos a nosotros mismos.

Nos queremos ver más fuertes como hombres y más guapas como mujeres, pero el tiempo pasa rápido y cambiamos física y emocionalmente. El poeta aboga por que nos mostremos como somos, con nuestra edad, nuestro físico, nuestro yo real y de esta manera perderemos el miedo a la vida y a la muerte. Esto hará que volvamos a nacer como personas.

Vivimos en una sociedad en la que no se nos prepara para la muerte. Únicamente se nos habla de la vida, de todo lo que podemos conseguir en ella, de lo importante que es sentirse joven, cuidarnos, conseguir todo lo que deseamos, etc., etc., etc. Sin embargo en ningún momento se nos dice que la muerte llegará, que en cualquier momento de nuestra vida, sea en nuestra juventud o en la etapa final, nuestro cuerpo dejara de vivir.

Es por ello que el poeta, cansado de esta imagen irreal que se nos quiere dar de eterna juventud, aboga por mostrarnos como somos. Es muy importante despojarnos de todo lo que realmente no es necesario, superficial, de lo innecesario y ponernos frente a un espejo y darnos cuenta de quienes somos realmente y en qué momento de nuestra vida estamos.

Esto no es algo negativo ya que el poeta lo mira como una aceptación de la realidad y, de paso, para qué nuestro camino vital cambien por completo. Es una invitación a vivir nuestra vida plenamente sin la preocupación de estar pensando constantemente en lo que los demás puedan pensar, en objetivos que no podemos alcanzar, como es la eterna juventud. Aceptándonos como somos y aceptando quienes somos, seremos mucho más felices y, seguramente, podremos vivir mejor y mucho más tiempo sin la losa de una ansiedad constante que parece que nos quieren inculcar.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Los Días van tan Rápidos

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación,
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, m hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.