La Loba, Gonzalo Rojas

El poeta se ha enamorado de una mujer hermosa y mucho más joven que él. Su mundo afectivo se desmorona, su tristeza se diluye. El poeta se siente más joven, casi niño por esto y, al mismo tiempo culpable por haberse enamorado de la joven. Cuando se nos habla de la mujer se nos dice que, además de joven, es libre, hermosa y llena de vida. Ella es la belleza personificada y su sonrisa blanca es señal de su ingenuidad.

Sin embargo, en contra de lo que podríamos pensar, esta también quiere al poeta y le escribe porque lo extraña y lo ama. Ella se entrega a él. Sin embargo la relación entre ellos no es fácil y en un principio nadie sabe que están juntos. El poeta quiere detener el tiempo y congelar la imagen de la joven cuando baila. Se sorprende de que ella lo busqué. El poeta desea tenerla para siempre y siente que, pase lo que pase, ella estará a su lado. Están destinados a estar juntos en esta o en otras vidas posteriores.

En este poema vemos dos conflictos muy importantes. Por un lado tenemos el conflicto de la relación entre dos personas en las que no hay un desequilibrio desde el punto de vista de la edad. Ella joven, es mucho mayor que ella y, además, hay toda una problemática que rodea este tipo de relación desde el punto de vista social.

Por otro lado, el poeta aunque está ilusionado, es consciente de que si se sabe que ambas personas están juntas, habrá un rechazo a esta relación y, sobre todo, hacia él, quizá sea el temor más importante. Sin embargo, el amor entre ellos es sincero y, sobre todo, el poeta está seguro de lo que siente y la joven también.

Cuando acabamos de leer el poema, nos queda una sensación un tanto extraña ya que, por un lado, entendemos la postura del poeta, así como la de la muchacha y las posibles consecuencias de su relación. Sin embargo, hasta cierto punto podemos observar que hay un temor incómodo en el poeta porque se sepa, por lo que sí que entendemos que hay un cierto miedo acerca del «qué dirán». Así, hay un conflicto entre el deseo del poeta por tener esta relación y, al mismo tiempo, las consecuencias de esta misma.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: La Loba

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro.