Ausencia de Dios, Mario Benedetti

El poeta siente que pierde su fe en Dios. En una parte de sí mismo queda un recuerdo triste de su imagen. Dios no hace que su corazón se emocione. Para el poeta su mensaje sólo se queda en promesas, en algo que cree que nunca pasará. Mientras esto ocurre, él está solo, se siente abandonado y va a seguir adelante sin fe, como dice el poeta: “sobreviviendo”.

Cuando ya ha pasado un proceso de duelo por esa pérdida de la fe, que no le duele no sentir su presencia, de Dios. Se pregunta si su omnipotencia realmente puede reducirse a una palabra. El poeta quiso encontrar la fe, pero ya no es así. Únicamente recuerda su inocencia cuando era niño.

Para el poeta, la fe no tiene sentido, no anima a la lucha. Se siente vacío y Dios se ha vuelto terrenal, mortal, con todo lo que eso significa. Por eso, la religión y sus construcciones dejan de tener sentido porque Dios ha desaparecido de ellas. El poeta, en el fondo, aún cree un poco en Él, pero le gustaría poder desprenderse del mismo, poder vivir sin su presencia.

En este caso, Benedetti nos habla de un proceso de pérdida de su sentimiento de religiosidad. Si bien es cierto que recuerda con nostalgia y cariño los momentos en los que la religión era algo relativamente importante en su infancia, a medida que fue creciendo y viento la realidad de lo que le rodeaba, su fe en Dios fue menguando.

No nos aporta los motivos reales por los que está perdida está siendo definitiva en su vida. Si bien es cierto que intuimos que al “terrenalizar” a Dios, al humanizarlo, seguramente debido a todo lo que ha sufrido el poeta, tanto a nivel personal, como social y político, además de observar lo que ocurre en el pueblo a través de las represiones y también la poca implicación, en esos momentos, de la Iglesia Católica, que prefería ponerse al lado del poder, hizo que tomara la decisión personal de abandonar su fe.

Cuando acabamos de leer este poema, no solamente vemos a un poeta desencantado con la religión, a un poeta que, después de un proceso interno en el que ha sufrido y pensado mucho, ha rechazado la fe, a Dios, sino que vemos también a una persona que mira a la religión con otros ojos por culpa de la propia religión, que no ha estado a la altura de lo que representa, de la historia y de lo que se vivió en muchos países. Para el poeta las palabras de la Iglesia, que habla en nombre de Dios, las oraciones, etcétera, han dejado de tener sentido.


Nota de Susana Marín. Jul. 2015

Poema original: Ausencia de Dios

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.