Así Te Quiero, Rafael De León

Este poema va dedicado a una de las cantantes de copla y actriz más importante que hubo en España y a la que dedicada este poema. En este caso se habla de un encuentro con ella en un día concreto. El poeta se ve asimismo como un hombre de tez morena, como suelen tenerla los hombres andaluces.

Hablamos de tez morena porque se utiliza la metáfora del color de las campanas, bronce, para que el lector se haga una idea de la imagen de la persona que habla a Concha Piquer. Ella fue el inicio de la primavera porque con ella todo brotó. La emoción de verla es como la emoción de enfrentarse al toro.

No solamente vuelve a recordar el día del encuentro con ella. Sus ojos verdes, labios color rojo sangre, su belleza y nombre los acercaron sin importar el estatus social o raza. Para el poeta es una mujer única en todos los aspectos. El poeta lo haría todo por ella

Hay una entrega total del poeta hacia ella y no quiere que le falte. Siente que quiere a esta mujer, a esta cantante. Su amor le recuerda las noches de enamorados. La ama, como los amores adolescentes, para siempre, hasta que se muera. La imagen del ciprés, que crece en los cementerios porque las raíces crecen hacia abajo, es la de la muerte, la del árbol que apunta el cielo y, aún allí, la seguirá amando.

El poeta está enamorado en cuerpo y alma de esta mujer, que destacó por su gran belleza, por su voz y por una interpretación del género de la copla como ninguna otra cantante pudo hacerlo. Estos sentimientos hacia esta mujer son tan grandes que si le faltara al poeta sería lo mismo que morirse.
Este poema hace un elogio a una mujer, es una dedicatoria que nace de lo más profundo del amor y también de la admiración hacia una persona, en este caso Conchita Piquer. De esta manera no sólo sabemos los gustos del poeta y los sentimientos hacia ella, sino también la importancia de esta persona en un tiempo muy concreto, enmarcando el poema en un momento histórico, social y cultural importantísimo.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Así Te Quiero

A Conchita Piquer

El día trece de julio
yo me tropecé contigo.

Las campanas de mi frente,
amargas de bronce antiguo,
dieron al viento tu nombre
en repique de delirio.
Mi corazón de madera
muerto de flor y de nidos,
floreció en un verde nuevo
de naranjos y de gritos,
y por mi sangre corrió
un toro de escalofrío,
que me dejó traspasado
en la plaza del suspiro.

¡Ay trece, trece de julio,
cuando me encontré contigo!

¡Ay, tus ojos de manzana
y tus labios de cuchillo
y las nueve, nueve letras
de tu nombre sobre el mío
que borraron diferencias
de linaje y apellido!

¡Bendita sea la madre,
la madre que te ha parido,
porque sólo te parió
para darme a mí un jacinto,
y se quedó sin jardines
porque yo tuviera el mío!

¿Quieres que me abra las venas
para ver si doy contigo?
¡Pídemelo y al momento
seré un clavel amarillo!
¿Quieres que vaya descalzo
llamando por los postigos?

¡Dímelo y no habrá aldabón
que no responda a mi brío!
¿Quieres que cuente la arena
de los arroyos más finos?
Haré lo que se te antoje,
lo que mande tu capricho,
que es mi corazón cometa
y está en tu mano el ovillo;
que es mi sinrazón campana
y tu voluntad sonido.

Nunca quise a nadie así;
voy borracho de cariño,
desnudo de conveniencias
y abroquelado de ritmos
como un Quijote de luna
con armadura de lirios.

Te quiero de madrugada,
cuando la noche y el trigo
hablan de amor a la sombra
morena de los olivos;
cuando se callan los niños
y las mocitas esperan
en los balcones dormidos;
te quiero siempre: mañana,
tarde, noche... ¡por los siglos,
de los siglos! ¡Amén! Te
querré constante y sumiso,
y cuando ya me haya muerto
antes que llegue tu olvido,
por la savia de un ciprés
subiré delgado y lírico,
hecho solamente voz
para decirte en un grito:
¡Te quiero! ¡Te quiero muerto
igual que te quise vivo!