Al Señor de los Milagros, Nicomedes Santa Cruz

La religiosidad es una temática muy importante para muchos poetas. La devoción a los santos también es un elemento importante dentro de este tipo de poesía y es la que se nos muestra en este poema. Representa las creencias de un hombre en una religión, en este caso la católica.

Así, la imagen del santo, del señor de los milagros, sobre los hombros de los fieles de la hermandad, se abre paso entre los devotos por las calles. El capataz de la cofradía, como la quilla de un barco, se abre paso para que la imagen pueda avanzar sin problemas. El color que predomina es el morado, seguramente porque es el color de la vestidura del santo y de los que siguen a la imagen encapuchados.

La devoción al santo provoca accidentes. Para el poeta, la visión de la imagen sobre los hombros de los que lo portan, avanzando entre el gentío, es la de un barco navegando en la mar y la gente que está a su alrededor, las olas sobre las que avanza poco a poco, al ritmo de los pasos.

Semana Santa es devoción, es peticiones de todo tipo, devotos que se flagelan, de los que se creen pecadores. Todo lo llena la gente y el tañido de las campanas. Todo gira en torno a Jesús, y acompañar la imagen, las misas y la búsqueda del perdón una y otra vez.

Lo bonito que tiene este poema es que, en pocos versos, nos muestra no solamente un hecho que se repite anualmente en una localidad, en este caso en la que está ese santo, ese señor de los milagros. Al mismo tiempo también nos muestra la fe del ser humano que, por un breve periodo de tiempo, es capaz de sufrir, de ser misericordioso, de creer gracias a la fe.

Por otro lado también nos muestra una faceta íntima y personal de sí mismo, de quien escribe el poema. No es solamente es una persona que mira lo que pasa, sino que se involucra en el acto en sí, lo vive y lo describe en su esencia, con un los sentimientos a flor de piel y con la fe, mayor o menor que pueda tener, hacia estos ritos que son importantes para muchos creyentes.


Nota de Susana Marín. Mar. 2015

Poema original: Al Señor de los Milagros

Paso a Nuestro Amo y Señor
andas, lienzo y candelabros.
Paso a Nuestro Salvador
el Señor de los Milagros.

La calle es un río humano
por cuyo cauce, la gente
muy acompasadamente
camina desde temprano.
“Avancen, avancen hermanos,
no estorben al cargador...”
grita el Capataz Mayor
que las cuadrillas comanda.
“Paso, que vienen las andas,
paso a Nuestro Amo y Señor...”

Por las calles se desborda
aquel torrente morado;
gimen los pies maltratados,
la Fe permanece sorda.
La multitud que lo aborda
da marco al rey de los cuadros:
Caídas y descalabros
en aquella mar mulata,
y cual velero de plata
andas, lienzo y candelabros.

Una señora morena
le ofrece todos sus hijos;
una ciega de ojos fijos
pídele Luz Nazarena;
azota una Magdalena
su vil cuerpo pecador.
Al paso del Redentor
doblan tristes las campanas
“Avancen, avancen hermanas,
paso a Nuestro Salvador...”

Sobre el lienzo de Jesús
la tarde pinta una sombra.
Sobre las frentes se nombra
señal dela Santa Cruz...
Bajo un cirio —santa luz—
A Ti, Señor, me consagro,
y de tus perfiles magros
venga a nos tu Redención
que nunca negó perdón
el Señor de los Milagros.