La Escuelita, Nicomedes Santa Cruz

El poeta se pone en la piel de aquellos jóvenes sin estudios y de lo que les ocurrirá si no se preocupan por cultivarse. El poema se inicia de una manera bastante impactante, casi con la expresión de «la letra con sangre entra», algo que choca al lector desde el primer momento.

Como indicamos anteriormente, se pone en la piel de un joven que no quiere estudiar. Para él es muy complicado y difícil, como para otros muchos, acabar la primaria. Habla de la escasez de medios y de cómo, además, a este chico no le gusta estudiar, con lo que es castigado a menudo físicamente en la clase.

Este chico prefiere jugar a estudiar y tiene muy mala conducta. Prefiere estar en otro lado a formarse. Pasa su etapa estudiantil sin pena ni gloria. No aproveche la posibilidad de beneficiarse de la escuela, y de la cultura que puede obtener de ella. El poeta avanza en el tiempo rápidamente y nos presenta a ese mismo chico, ahora ya mayor, sin trabajo. Este se da cuenta del error que cometió y de como otros de su escuela, que sí han estudiado, se han formado, ahora son personas importantes desde el punto de vista social, obtienen un trabajo valorado, etc.

Cuando acabamos de leer este poema nos quede una sensación un poco agridulce ya que, por un lado sentimos una cierta tristeza por la situación del joven. Pero también por otro lado también nos damos cuenta de las pocas posibilidades que tenían esos muchachos a la hora de poder aprender.

Si nos fijamos un poco más, nos damos cuenta de que no hay un apoyo hacia este joven para que estudie desde el punto de vista familiar. Este siempre solo, en la calle, casi parece que no tiene familia que le anime. Prefiere vivir otras experiencias y sólo cuando está en esa etapa en el que podemos mirar atrás en nuestro recorrido vital, se da cuenta de que su vida pudo ser otra si hubiera escogido la opción de aprender. También nos ofrece una forma de enseñar muy arcaica, dura y que, en la mayoría de los casos, no buscaba el simpatizar con el alumno, sino que éste aprendiera sin más y de la forma que se pensaba que tenía que enseñar.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: La Escuelita

A cocachos aprendí 1
mi labor de colegial 2
en el Colegio Fiscal 3
del barrio donde nací. 4

Tener primaria completa 5
era raro en mi niñez 6
(nos sentábamos de a tres 7
en una sola carpeta). 8
Yo creo que la palmeta 9
la inventaron para mí, 10
de la vez que una rompí 11
me apodaron “mano´e fierro”, 12
y por ser tan mataperro 13
a cocachos aprendí. 14

Juguetón de nacimiento, 15
por dedicarme al recreo 16
sacaba Diez en Aseo 17
y Once en Aprovechamiento. 18
De la Conducta ni cuento 19
pues, para colmo de mal 20
era mi voz general 21
“¡chócala pa la salida!” 22
dejando a veces perdida 23
mi labor de colegial. 24

¡Campeón en lingo y bolero! 25
¡Rey del trompo con huaraca! 26
¡Mago haciéndome “la vaca” 27
y en bolitas, el primero...! 28
En Aritmética, Cero. 29
En Geografía, igual. 30
Doce en examen oral, 31
Trece en examen escrito. 32
Si no me “soplan” repito 33
en el Colegio Fiscal. 34

Con esa nota mezquina 35
terminé mi Quinto al tranco, 36
tiré el guardapolvo blanco 37
(de costalitos de harina). 38
Y hoy, parado en una esquina 39
lloro el tiempo que perdí: 40
los otros niños de allí 41
alcanzaron nombre egregio. 42
Yo no aproveché el Colegio 43
del barrio donde nací... 44

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