Que me Perdone la Ciencia, Claudio Martinez Paiva

Estoy solito en mi rancho, 1
me he quedado solo en casa. 2
Ladran los perros afuera 3
como si vieran fantasmas, 4
y alumbran mis pensamientos 5
candiles de luces malas. 6

Alones de pájaros negros 7
me ponen luto en las mangas, 8
y es tan grande el sufrimiento 9
que voy llevando en el alma 10
que no lo explican las cosas, 11
ni lo dicen las palabras. 12

Ocho años tenía apenas 13
el gurisito de mi alma 14
y despertó una mañana 15
con los ojos encendidos 16
y el cuerpito echando llamas. 17
–Me muero mama– decía... 18
–Me muero tata– gritaba. 19
–Siento una sed de martirio, 20
tengo un fuego que me abraza.– 21

Besé al cachorro en la frente 22
y a la madre en la mirada, 23
y volé en mi caballo al pueblo 24
siete leguas de distancia, 25
siete puñales de punta 26
clavados en mi garganta, 27
y el grito de mi hijo adentro... 28
“Agua mama, agua tata”. 29

Le expliqué al doctor el caso. 30
Se acomodó en su butaca. 31
Me miró de arriba abajo 32
y me dijo: –Leoncio, ¡lo siento mucho! 33
Pero el camino que va a tu rancho es malo 34
y me va a estropear el auto. 35

Ahí comprendí yo, entonces 36
que la ciencia, no es tan ciencia 37
cuando no tiene conciencia. 38
¡Porque en esos mismos caminos 39
donde muchos médicos no andan, 40
cruza a galopes la muerte 41
y va y viene la desgracia! 42

Me ordenó que le comprara 43
al pasar por la botica 44
un frasco de limonada 45
y que trajese al enfermo 46
cuando la fiebre pasara. 47
Yo regresé a mi rancho 48
como regresaría todo padre 49
en iguales circunstancias: 50
El corazón en los labios 51
y la tristeza en el alma. 52
El médico no venía... el médico no venía 53
no porque fuera mala la senda que va a mi rancho 54
sino porque no tenía con qué pagarle a la ciencia 55
siete leguas, ¡siete leguas de distancia! 56

La fiebre, duró poquito, 57
se le cortó una mañana 58
entre un canto de zorzales 59
y el suave clarear del alba. 60
La madre abrazada al hijo, 61
mi hijo, la frente helada. 62
Y yo sin voz ni presencia 63
parado junto a la cama. 64

Poco después de enterrarlo 65
se empezó a turbar mi Juana, 66
Se la pasaba llorando 67
con las manos sobre el pecho 68
lo mismo que si acunara 69
a un niño recién dormido. 70
Y así se me fue la pobre, 71
así la tierra la guarda, 72
con los brazos sobre el pecho 73
acunando mi desgracia. 74

Estoy solito en mi rancho, 75
me he quedado solo en casa. 76
Ladran los perros afuera 77
como si vieran fantasmas. 78
Y alumbran mis pensamientos 79
candiles de luces malas. 80
Y afilo a la media noche 81
mi cuchillo, cabo de plata 82
la única plata del pobre 83
que no le sirve pa nada. 84

Y medito mi venganza. 85
Por eso le grito al mundo: 86
Que me perdone la ciencia, 87
no me culpen si mañana, 88
me dicen que soy bandido. 89
o un mal hombre sin entrañas. 90
Nací can y me hacen puma. 91
fui cordero y me ponen garras. 92
¡Dios! ¡Dios Todopoderoso! 93
Haz que despunte el alba 94
y arráncame de mi pecho 95
este grito, este grito que me mata: 96
- “Agua mama, agua... agua tata”. 97

98

Comentarios

  • Norma Rimache May., 2022

    Una poesía muy buena por la realidad que muestra en sus versos, realidad que se viene en las zonas rurales en dos e abunda la pobreza y la desigualdad.
    Me gustaría conocer más posiaa cómo está. Me encanta declamarlas

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