Hora tras Hora, Día tras Día, Rosalía de Castro

El tiempo pase inexorable y nosotros somos espectadores de ello. La vida pasa, nuestro camino vital avanza. La edad madura también es bella y llena de vida. Es una segunda juventud que todos podemos recuperar. La poeta desea que de todos los sentimientos que traigamos, sean buenos o malos, nos sirvan para como aprendizaje. Debemos grabarlo, recordarlo y transmitirlo. La poeta está triste también, melancólica, porque ella perdió recuerdos y ahora no los puede recuperar, sean positivos o negativos.

Lo que tenemos aquí es, nuevamente y en contra de lo que muchos lectores y críticos opinan de la poesía de Rosalía de Castro, a la que pueden tachar de melancólica, triste y en la que siempre está presente la “morriña”, es un poema en el que la alegría, la vida, camina, por cada uno de los versos.

Nos invita a ser felices, a no perder el tiempo y aprovechar todos los momentos que tengamos para beberlos, vivirlos y recordarlos. No importa el momento en el que estemos de nuestro camino vital. En este caso, la poeta está en el momento de madurez y, sin embargo, presiente que está en plenitud de sentimientos, que le quedan todavía muchas sensaciones, muchos momentos que vivir.

El único momento negativo del poema, los últimos versos del mismo, en realidad de lo único que hablan es el arrepentimiento de la poetisa por haber olvidado algunas vivencias, seguramente negativas. Sin embargo, invita a todos a extraer lo mejor de todas ellas, tanto de las negativas como de las positivas, porque siendo conscientes de las mismas podemos aprender, podemos ser más sabios y ser mejores personas.

También es importante señalar que no se dirige a un grupo de personas en concreto, ni sólo a mujeres u hombres. La poeta se pone delante del lector, lo mira a los ojos directamente y le recuerda que en esta vida estamos muy poco tiempo y por eso cada momento vivido es esencial, es único, es irrepetible y es por ello que, estemos en el momento de nuestra vida que estemos, lo mejor que podemos hacer es tomarlo y guardarlo en nuestro interior, en nuestro recuerdo, porque dejará un poso imborrable y único en nuestra alma.


Nota de Paulo Altamirano. May. 2015

Poema original: Hora tras Hora, Día tras Día

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?