No decía palabras, Luis Cernuda

El poeta está junto a una mujer desnuda en la cama, con el cuerpo en forma de interrogación, una manera sutil de decirnos que la mujer quiere preguntarle algo sin decirlo. Ella desea el poeta sexualmente y no sabe cómo expresarlo. Él, con más experiencia sabe lo que tiene que hacer. Las palabras en ese momento no tendrían sentido. El tacto, el sentir, suple esas barreras.

El poeta nota la excitación de la mujer desde lo más profundo de su cuerpo hasta la piel. El sexo, el deseo, es la prolongación de los sueños. El poeta nota como sus miradas son la señal para atraerse y juntarse. Dos personas desean lo mismo, sueñan lo mismo y son uno física y emocionalmente. En la noche, dos cuerpos son uno. En ese instante, en ese momento, la esperanza de ambos, el deseo, el amor, se hace uno. Lo que ocurre después no se sabe, es un misterio.

Estamos ante un poema en el que la sexualidad, el erotismo están presentes en cada uno de los versos que ha escrito por este poeta. Dos personas que se atraen y desean hacer el amor, intercambiar sentimientos, gozar el uno del otro sin pensar en lo que venga después, sin pensar en el mañana.

En ese instante, en ese momento en que los dos están disfrutando, en el que los dos son uno, el amor está presente en cada centímetro. No sólo estamos hablando de una atracción sexual, de un juego. Aunque después se separen y cada uno siga por su camino. En ese momento sienten amor el uno por el otro y se desean como si fuera a ser para toda la vida.

Es por ello que el final es abierto. El poema se centra únicamente en esa escena, en ese momento de amor, de sexo. Fuera de eso, es el lector quien debe imaginar, quien debe tomar la decisión de pensar lo que ocurre después. Para el poeta no es relevante si el protagonista del poema sigue a su lado, si busca a otra mujer o si están juntos el resto de su vida. Lo realmente esencial es que durante el momento en que están en la cama, desnudos, y deseándose, son felices, hay amor y se corresponden todos los aspectos importantes del ser humano.


Nota de Susana Marín. Sep. 2015

Poema original: No decía palabras

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.