Cómo llenarte, soledad, Luis Cernuda

La soledad se nutre y sacia de sí misma. El poeta, cuando era pequeño, buscaba la soledad en lugares oscuros, apartados, afuera de la casa. Veía todo lo que le rodeaba con la mirada de un niño cuando se siente solo. La soledad fue su compañera.

Cuando creció tuvo relaciones de amistad, amantes, sin saber realmente cómo mantenerlas. El poeta busca excusas para separarse, dejar esas relaciones y quedar nuevamente solo. Eso hizo también con la mujer que más amó. Se forzó a buscar otros amores, otros amigos, todo aquello que la apartara de él. Era la única forma de volver a la soledad.

Ha vuelto a ser la persona solitaria que fue. A su alrededor hay todo un mundo hermoso que descubrir, toda una belleza que conocer pero que no encuentra porque buscar la soledad es parte de su fuerza y su debilidad a la vez. Uno de sus pasatiempos es mirar el mar y admirar la belleza del oleaje.

A la noche, siente que es un faro que ilumina de tanto que ha mirado el mar. Sin embargo, después él no recuerda nombres, sólo personas, grupos de una forma impersonal. Para él, son como el mar, una forma, una cantidad enorme de agua que llega en forma de ondas y marea hacia la orilla, el, pero que se va una y otra vez sin quedarse nunca.

El poeta sólo está bien cuando está solo y tiene claro que la soledad es parte esencial del ser humano. Al final del poema, el poeta nos dice que por ella quiso cambiar aunque ahora ya no esté. El tiempo que pasó a su lado y las personas que conoció con ella, los quiso y amor por igual.

La soledad es una constante en muchos poetas y, a través de ella, conocemos sus más íntimos sentimientos, su manera de ver el mundo y su manera de entender las relaciones sociales. En este caso, el poeta nos habla de este sentimiento como algo que va ligado a su propia existencia.

No puede entenderse su realidad sin la presencia de la soledad, sin darnos cuenta que es parte de su trayectoria vital y que, antes o después, aunque permanezca alejado temporalmente, volverá a su lado.


Nota de Susana Marín. Sep. 2015

Poema original: Cómo llenarte, soledad

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.