Nocturno, Manuel Acuña

Un amor exagerado es algo que muchos poetas expresan comúnmente en sus poemas. Sin embargo estamos ante una obsesión que está minando la salud, tanto física como mental del protagonista de estos versos. La obsesión por una mujer y por su rechazo hacia sus sentimientos más profundos, ha hecho que la desesperación por tenerla no solamente lo confunda, sino que la locura esté demasiado cerca de ser algo cierto.

El poeta nos habla de un amor imposible. La noche es el momento de hablar de sus sentimientos, es el fin de un camino, el fin de una etapa de juventud, para iniciar un nuevo mañana. El, un joven muchacho, ama a una mujer y lo expresa abiertamente. El amor no es correspondido y sufre ante la imposibilidad de estar junto a ella.

Estos sentimientos son muy profundos y la ansiedad le impide dormir, afectándole incluso a su salud física y emocionalmente. Esta desesperado. Ni siquiera el descanso, el dormir hace que la imagen de la amada desaparezca. Llena todo el espacio, tanto físico como vital. Es consciente de que nunca podrá estar junto a ella, pero cuanto más se siente rechazado más la desea.

Sabe que debe dejar atrás los sentimientos hacia ella, pero interiormente sabe que está metida en lo más profundo de su ser. Su obsesión le lleva a imaginarse el día de su boda a su lado. Sueña con lo hermoso que hubiera sido todo si ella le hubiera correspondido. Sería la vida idílica y feliz. Se da cuenta de que esos pensamientos no son sanos y que está rozando la locura.

Siguen las elucubraciones del poeta y nos cuenta su deseo de haber vivido en una casa familiar, al lado de su amada. De improviso, es consciente de la imposibilidad de seguir luchando y decide terminar con ese deseo. La juventud desaparece y, si quiere ser feliz, debe iniciar un nuevo camino, una nueva vida que lo haga feliz.

Aunque todo el poema es un canto a la locura por un amor, al final del mismo hay una luz de esperanza, hay una visión de racionalidad y un desbloqueo mental del poeta por el que decide retomar las riendas de su vida y dar un giro drástico a sus sentimientos. De esta manera no solamente se librará de un sentimiento falso de amor, sino que curará su mente.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: Nocturno

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.

A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?

Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...

¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.

Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,mi juventud, adiós!