Un Sueño, Manuel Acuña

En este poema vamos a encontrarnos con un juego entre el poeta y el lector. Por un lado nos presenta a la persona a la que ama, pero sin dar nombres ni describirla. Los sentimientos son más importantes. Al mismo tiempo, desconocemos qué va a suceder porque nos damos cuenta que es más importante la imaginación, el despertar de nuestras emociones, que el saberlo todo.

El poeta esconde el nombre de la amada como si fuera un secreto que nadie debe conocer. Encontramos en este poema dos planos: por un lado el onírico, por el que la brisa (el amante) acaricia la espesura y besa la flor, la roza (a la amada). Ese recuerdo queda grabado en la memoria.

Por otro lado aparece el plano real y es en este en el que el poeta se sincera con la amada y le declara su amor y entrega total a ella. Sin embargo, al final del poema nos damos cuenta que este queda abierto y que no sabemos la respuesta de la mujer, dejando a la imaginación del lector el final del mismo.

Al terminar de leer el poema, nos queda la sensación de que nos han dejado con la miel en los labios, con ese gusto de saber cuál va ser el final de todo el proceso. El amor, la confidencia, la sinceridad y esa declaración de amor nos hace despertar esos sentimientos en los que se encuentran en la ingenuidad, la valentía por dar ese primer paso y confesar ese deseo por la persona a la que queremos y, al mismo tiempo, ese misterio que envuelve siempre al amor y cuya respuesta puede sorprendernos para bien o para mal.

Al terminar el poema de esta manera, el poeta nos introduce dentro del mismo y es el propio lector el que se ocupa de llenar ese vacío creando nuevos versos en su imaginación, nuevas estrofas que añadir a la idea que nos plantea el autor, el posible final del mismo, haciendo que nuevos sentimientos, interpretaciones y sensaciones relacionados con lo amoroso nazcan, creando nuevos vínculos entre el protagonista del poema, la amada y también entre el lector y el poeta.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: Un Sueño

A Ch....

¿Quieres oír un sueño?...
Pues anoche
vi la brisa fugaz de la espesura
que al rozar con el broche
de un lirio que se alzaba en la pradera
grabó sobre él un «beso»,
perdiéndose después rauda y ligera
de la enramada entre el follaje espeso.
Este es mi sueño todo,
y si entenderlo quieres, niña bella,
une tus labios en los labios míos,
y sabrás quién es «él», y quién es «ella».