Historia del Pensamiento, Manuel Acuña

El poeta escribe el poema como agradecimiento a quien fue su amigo, antes de irse de la ciudad en que vivió. Agradece toda la ayuda recibida. El poema representa el recuerdo para siempre de esos momentos y espera ser recordado por aquellos que lo acogieron. Para qué entiendan las razones de su marcha cuenta una historia.

Así, versifica la historia de una rosa, una mujer joven, hermosa y única entre las demás mujeres. El pensamiento, el poeta, sentía que, aunque amaba a esa Rosa, no era merecedor de su belleza. Era incapaz de decir lo que sentía, no creía ser lo suficientemente valiente para ello.

Hubo momentos en los que lo intentó vagamente, pero sin conseguir nada, debido a la falta de ánimo. A medida que los jóvenes crecían, se distanciaban más y el más sufría por su amor. Otro joven tuvo el valor que no tuvo el poeta para acercarse a ella, se declaró a la joven y la conquistó. El poeta, el pensamiento, quedó desconsolado por ello y por su falta de entereza.

En su vida estuvo con otras mujeres, sin embargo su único amor verdadero fue esa Rosa. Un día le contaron que se había casado con aquel joven y, escondiendo el dolor, se alegró por ello. Sin embargo todos se dieron cuenta, al verlo llorar, del amor que sentía por la joven. El poeta, en la estrofa final, nos ofrece la causa de su marcha y que la historia del cuento es la historia de su amor no correspondido.

Una historia sencilla, una historia que no es única y, sin embargo, nos ofrece todo el sentimiento, toda la sinceridad y, al mismo tiempo, la desesperación de un hombre y el sufrimiento por no haber dado un paso adelante, por no haber tenido el suficiente coraje para decirle a una mujer que la amada.

Al verla con otro hombre y al saber que éste estará a su lado para siempre, la imagen de la posibilidad de estar con ella se desvanece por completo. Su única salida es la distancia definitiva entre ellos, que ya se había agigantado a medida que crecían y cada uno de ellos se alejaba emocionalmente del otro. Lo peor no es amar a una mujer y ser rechazado, sino amar a una mujer y perderla por cobarde, huir sabiendo que su recuerdo siempre estará con él.


Nota de Susana Marín. Dic. 2014

Poema original: Historia del Pensamiento

Cuando a su nido vuela el ave pasajera
A quien amparo disteis, abrigo y amistad
Es justo que os dirija su cántiga postrera,
Antes que triste deje, vuestra natal ciudad.

Al pájaro viajero que abandonó su nido
Le disteis un abrigo, calmando su inquietud;
¡Oh! tantos beneficios, jamás daré al olvido
durable cual mi vida será mi gratitud.

En prueba de ella os dejo lo que dejaros puedo,
Mis versos, siempre tristes, pero los dejo así;
Porque pienso, a veces que entre sus letras quedo,
Porque al leerlos creo que os acordáis de mí.

Voy, pues, a referiros una sencilla historia,
Que en mi alma desolada, honda impresión dejó;
Me la contaron... ¿Dónde?... es frágil mi memoria...
Acaso el héroe de ella... o bien, la soñé yo.

Era una linda rosa, brillante enredadera,
Tan pura, tan graciosa, espléndida y gentil.
Que era el mejor adorno de la feliz pradera,
La joya más valiosa del floreciente abril.

Al pie de ella crecía un pobre pensamiento,
Pequeño, solitario, sin gracia ni color;
Pero miró a la rosa y respiró su aliento
Y concibió por ella el más profundo amor.

Mirando a su querida pasaba noche y día.
Mil veces ¡ay! le quiso su pena declarar;
Pero tan lejos siempre, tan lejos la veía,
Que devoraba a solas su pena y su pesar.

A veces le mandaba sus tímidos olores,
Pensando que llegaba hasta su amada flor;
Pero la brisa, al columpiar las flores,
Llevábase muy lejos la pena de su amor.

El pobre pensamiento mil lágrimas vertía,
Desoladoras lágrimas, de acíbar y de hiel,
Mientras la joven rosa, sin ver a otras crecía,
Y mientras más crecía, más se alejaba de él.

Llega un jazmín en tanto a la pradera bella,
También él a la rosa al punto que la vio;
Pero él fue mas dichoso, pudo llegar hasta ella,
Le declaró su pena, y al fin la rosa amó...

¿Comprenderéis ahora al pobre pensamiento,
Al ver correspondido a su feliz rival?
¿No comprendéis su horrible, su bárbaro tormento
Al verse condenado a suerte tan fatal?

Después lo transplantaron; vivió en otras praderas
Indiferiencia, olvido y hasta placer fingió:
Miraba flores lindas, brillantes y hechiceras,
Pero su amor constante y fiel compareció.

Por fin una mañana, estando muy distante,
El céfiro contóle las bodas del jazmín;
Él escuchó sonriente, y ciego y delirante,
loco placer fingiendo, creyó olvidar al fin.

Pero al siguiente día con lágrimas le vieron
las flores, e ignorando su oculto padecer,
«Tú lloras, pensamiento, tú lloras», le dijeron:
«No es nada, contestóles, es llanto de placer».

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Ved la sencilla historia que os ofrecí contaros,
acaso os entristezca pero la dejo así;
adiós, adiós, ya parto; me atrevo a suplicaros
que la leáis a solas y os acordéis de mí.