Ya sé por qué es, Manuel Acuña

En la poesía, en la mayoría de las ocasiones el comienzo del poema es el que nos va a dar el tono del mismo. En este poema pasa eso, la primera palabra, Dolora, nos aporte información suficiente para acercarnos a qué tipo de sentimientos vamos a percibir cuando leamos, cuando el poeta comience a expresar lo que nos quiere comunicar.

Así, el poeta conoce a una joven llena de vida y con ganas de amar. Ella desconoce el código amoroso y el poeta le invita a buscarlo y conocerlo. Descubre, a través de lo que ella le comunica, que esta se ha enamorado y le han dado su primer beso. De la misma forma que el amor llega, éste también se va y la joven entristece, sufre. No entiende qué le pasa. Él poeta le dice que en su momento conocerá la causa. Ella finalmente lo descubre: el abandono.

La joven, llena de vida, murió de amor y el poeta llora porque supo lo que le ocurría sin poder hacer nada. A la joven muerta le habla y le dice que es mejor no entregarse totalmente porque eso hace que el sufrimiento, por amor, sea doloroso y trágico. Como hemos podido observar, la tristeza y el dolor, como nos indica el comienzo de este poema, se mantiene constante a lo largo de los versos.

Aunque parece un poema sencillo, nos aporta mucha información acerca de la manera de expresar los sentimientos y, sobre todo, de cómo el poeta es a la vez un observador ajeno al dolor de otra persona. Pero no tenemos que identificar esa, digamos, insensibilidad, con falta de preocupación ya que la sorpresa de la muerte de la joven le afecta enormemente.

Esto es porque se ve a sí mismo como una persona mayor que la joven y desea que ella descubra el amor, los sentimientos por sus propios medios, sin interferir en su desarrollo. Sin embargo, es esa misma juventud la que hace que haya falta de recursos debido a la inexperiencia, lo que precipita la tragedia de un final que nadie esperaba que sucediera. De ahí el dolor del poeta, su sorpresa, su sufrimiento al pensar que podía haber hecho algo.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Ya sé por qué es

DOLORA 1
A Elmira

Era muy niña María, 2
todavía, 3
cuando me dijo una vez: 4
—Oye, ¿por qué se sonríen 5
las flores tan dulcemente, 6
cuando las besa el ambiente 7
sobre su aromada tez? 8
—Ya lo sabrás más delante 9
niña amante, 10
le contesté yo, y una mañana, 11
la niña pura y hermosa, 12
al entreabrir una rosa 13
me dijo: —¡Ya sé por qué es! 14

Y la graciosa criatura 15
blanca y pura 16
se ruborizó y después, 17
ligera como las aves 18
que cruzan por la campiña, 19
corrió hacia el bosque la niña 20
diciendo: —¡Ya sé por qué es!— 21
y yo la seguí jadeante, 22
palpitante 23
de ternura y de interés, 24
y... oí un beso ducle y blando, 25
que fue a perderse en lo espeso, 26
diciendo: —¡Ya sé por qué es! 27

Era muy joven María, 28
todavía 29
cuando me dijo una vez; 30
—Oye, ¿por qué la azucena 31
se abate y llora marchita 32
cuando el aura no la agita 33
ni besa su blanca tez? 34
—Ya lo sabrás mas delante, 35
niña amante—, 36
le contesté yo... ¡después! 37
Y más tarde ¡ay! una noche, 38
la joven de angustia llena, 39
al ver triste a una azucena, 40
me dijo: —¡Ya sé por qué es! 41

Y ahogando un suspiro ardiente, 42
la inocente 43
me vio llorando... y después, 44
corrió al bosque, y en el bosque 45
esperó mucho la bella, 46
y al fin... se oyó una querella 47
diciendo: —¡Ya sé por qué es!—. 48
Era muy linda María, 49
todavía, 50
cuando me dijo una vez: 51
—Oye, ¿Por qué se sonríe 52
el niño en la sepultura, 53
con una risa tan pura, 54
con tan dulce sencillez? 55
—Ya lo sabrás más delante 56
niña amante,— 57
le contesté yo... ¡después! 58

Y... murió la pobre niña, 59
y en vez de llorar, sonriendo, 60
voló hacia el azul diciendo, 61
—¡Ya sé por qué es! 62

Ya lo ves mi hermosa Elmira, 63
quien delira 64
sufre mucho, ¡ya lo ves! 65
Y así, ilusiones y encanto, 66
ni acaricies ni mantengas, 67
para que, al llorar, no tengas 68
que decir: 69
—¡Ya sé por qué es! 70

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