A la inmensa mayoría, Blas de Otero

“A la inmensa mayoría” es uno de los poemas más célebres de Blas de Otero y de toda la poesía social española de los años 50. Esta pieza, junto con otras de la época, pasó a formar parte de la cultura popular española asociada al progresismo y la vía democrática. Es, de esta forma, uno de esos poemas que traspasan la habitual frontera vinculada con la poesía logrando una gran trascendencia social.

Tras la Guerra Civil, España vive una década penosa en la que trata de recuperarse. En el ámbito poético triunfan escritores como Leopoldo Panero, cercanos al Régimen. Son los poetas arraigados, de estilo clásico y motivos temáticos tradicionales. En el otro lado se encuentran los desarraigados. Dámaso Alonso o Eugenio de Nora son sus representantes principales, a los que más tarde se unen Gabriel Celaya o Blas de Otero.

El poeta vizcaíno deja atrás la etapa religiosa y existencial a partir de principios de los 50 al calor de una nueva tendencia social más crítica con el Régimen Franquista. “A la inmensa mayoría” es toda una declaración de intenciones a nivel poético e ideológico. Muestra la transformación vital de Otero y la necesidad de que ese cambio se plasme también en su trabajo artístico. Todo ello, también, con un objetivo humanista universal: lograr la paz a través de la palabra.

A nivel métrico, este poema acude a formas clásicas. Son 5 cuartetos endecasílabos de rima asonante ABAB, salvo el último verso que es un heptasílabo. La propia firma del autor forma parte del poema.

La primera estrofa de esta pieza muestra el pasado del artista, su angustia por una etapa que considera errada. “Un buen día bajó a la calle”, digamos que bajó de su torre de marfil y se mezcló con la gente, supero su ensimismamiento “y comprendió”. Otero “rompe todos sus versos” porque aspira a una nueva poesía, menos elitista y con un propósito social. Una poesía con mensaje que sin perder la belleza, colabore en la transformación de la realidad y ayude a la toma de conciencia política.

Más adelante Otero hace referencias bélicas a través de sencillas metáforas que buscan un impacto inmediato en el lector. “Ángeles atroces que cruzan el cielo” como aviones de guerra, y “peces de metal” como barcos. Todo ello mostrando un pasado angustioso, el de la Guerra Civil, que, tras una etapa en el olvido, vuelve a abrirse como una herida desatendida.

Y en la última estrofa, Otero expresa su idea de futuro. Está dispuesto a sacrificarlo todo, incluyendo su arte, para lograr la paz. “Yo doy todos mis versos por un hombre en paz”, incluyendo su propio nombre a modo de exposición de su propia ideología. Es un acto de valentía, de desnudez poética, aunque también podría interpretarse como cierta autocomplacencia.

Poemas como este o “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya son piezas fundamentales de la poesía social de mediados de los 50. Ambos contienen referencias a la Guerra Civil y hacen propósito de enmienda. La poesía debe tener un objetivo de transformación social, más allá de sus presupuestos puramente estéticos. Se trata, en suma, de poemas que describen la herida abierta en la Guerra Civil y que, muchas décadas -y versos- más tarde, sigue sin cerrarse.


Nota de David Rubio. Sep. 2013

Poema original: A la inmensa mayoría

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.