Digo, Jorge Debravo

El poeta siente que la oración no es una acción natural en el hombre y únicamente rezar somete y ata de una manera negativa. Siente que Dios quiere personas que vivan la fe y la transmitan. Siente que la labor pastoral ha de realizarse llevando la fe, la religión, a aquellos que no creen. También siente que la palabra ha de arder en el interior de los que oyen y, al mismo tiempo, transmitir amor.

El poeta cree que Dios hay que vivirlo en todos los ámbitos de nuestra vida, además de sentirlo. Eso es algo que gusta más a Dios. El amor es, para el poeta, el sacramento más importante y es ese sentimiento el que los aleja de la condenación, de un final trágico, del infierno.

Este poema habla de una temática que se toca pocas veces: la fe vista no únicamente como una creencia, sino como algo que ha de vivirse y transmitirse más allá de los púlpitos, más allá de las oraciones, más allá de un rato en una misa. El poeta invita a vivir a Dios en cada momento de nuestra vida y transmitirlo así a otras personas.

Para el poeta, el problema de la religión es que se ha reducido únicamente al lugar donde se realiza la misa y esto hace que el mensaje de Dios deje de tener sentido. Dios no necesita que recen por él una y otra vez de una manera estática. El sentido de la región está en la transmisión de la idea de Dios a los demás, está en vivir la religión en familia, entre los amigos, como si fuera la buena nueva.

El poeta siente que es la mejor manera de honrarnos a nosotros y, sobre todo, honrar a Dios. Siente que así será más feliz, más dichoso y, sobre todo, será más entendible su palabra. Embargo, esto no es posible si el amor no está presente en lo que se dice y lo que desea. El amor es el nexo de unión entre Dios y el hombre, entre su palabra y las acciones del ser humano. Sin amor no existe Dios, sin amor no existe la religión, sin amor, el ser humano está condenado.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Digo

El hombre no ha nacido 1
para tener las manos 2
amarradas al poste de los rezos. 3

Dios no quiere rodillas humilladas 4
en los templos, 5
sino piernas de fuego galopando, 6
manos acariciando las entrañas del hierro, 7
mentes pariendo brasas, 8
labios haciendo besos. 9

Digo que yo trabajo, 10
vivo, pienso, 11
y que esto que yo hago es un buen rezo, 12
que a Dios le gusta mucho 13
y respondo por ello. 14

Y digo que el amor 15
es el mejor sacramento, 16
que os amo, que amo 17
y que no tengo sitio en el infierno. 18

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