Despedida del Mar, José Hierro

El poeta se va a un lugar que presumimos alejado de la costa. Todos los recuerdos están ligados al mar, las olas, la orilla y su arena. El olor, los colores y sabores asociados a él también. Esta separación es muy dolorosa y sabe que, a partir de ese instante, no volverá a sentir y ver el mar de la misma manera.

Todos los recuerdos que tiene y todo lo que le hace sentir el mar, hace que desee ser parte de él, del que se despide ese día. Los hijos del mar, los ríos, son las lágrimas del poeta que, al llegar a él, saben salados. El mar está presente en él desde que es niño y por eso tiene presente esa imagen de otros pequeños jugando en la arena, las olas y su espuma.

También recuerda las barcas moviéndose con la marea. Otra de las imágenes es la del sol amaneciendo y ocultándose en el mar en un ciclo infinito que amaba, como un nacer y morir cada día. El poeta sufre por dejar atrás esos momentos y, como no podía ser de otra manera, ese mar que tanto ama.

La última estrofa es un cierre circular. Todo cambia, el poeta también lo hace y sabe, aunque lo desee, que el camino vital que cada uno hace que nunca volvamos a vivir algo como lo hemos vivido en un momento concreto. Aun así, el recuerdo, sus recuerdos, estarán siempre ahí, en su interior.

Este poema no solamente nos habla de los recuerdos del poeta sino también de cómo, a medida que vamos creciendo y nuestro camino vital se va recorriendo, cada uno de nosotros va guardando los recuerdos más hermosos. También recordamos esos momentos de tristeza por las pérdidas de todo tipo, ya sean personales, familiares, etc., que también tienen que ver con momentos felices que se pierden y que jamás volverán a repetirse.

Esta última idea, la de la no repetición de momentos vividos, es de lo que nos habla este poema. Nuestro camino vital se llena de momentos felices, tristes y otro tipo que vamos guardando en nuestro interior y la característica principal de todos ellos es que jamás se vuelven a repetir de la misma manera, jamás se vuelven a vivir la misma forma y, sobre todo, únicamente se viven igual y con la misma intensidad en nuestros recuerdos.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Despedida del Mar

Por más que intente al despedirme
guardarte entero en mi recinto
de soledad, por más que quiera
beber tus ojos infinitos,
tus largas tardes plateadas,
tu vasto gesto, gris y frío,
sé que al volver a tus orillas
nos sentiremos muy distintos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.

Este perfume de manzanas,
¿de dónde viene? ¡Oh sueño mío,
mar mío! ¡Fúndeme, despójame
de mi carne, de mi vestido
mortal! ¡Olvídame en la arena,
y sea yo también un hijo
más, un caudal de agua serena
que vuelve a ti, a su salino
nacimiento, a vivir tu vida
como el más triste de los ríos!

Ramos frescos de espuma... Barcas
soñolientas y vagas... Niños
rebañando la miel poniente
del sol... ¡Qué nuevo y fresco y limpio
el mundo...! Nace cada día
del mar, recorre los caminos
que rodean mi alma, y corre
a esconderse bajo el sombrío,
lúgubre aceite de la noche;
vuelve a su origen y principio.

¡Y que ahora tenga que dejarte
para emprender otro camino!...

Por más que intente al despedirme
llevar tu imagen, mar, conmigo;
por más que quiera traspasarte,
fijarte, exacto, en mis sentidos;
por más que busque tus cadenas
para negarme a mi destino,
yo sé que pronto estará rota
tu malla gris de tenues hilos.
Nunca jamás volveré a verte
con estos ojos que hoy te miro.