Qué Lástima!, León Felipe

La realidad social del momento entristece al poeta. La política que se lleva a cabo por parte del gobierno también y como su mal uso afecta a todo es algo que hace que el protagonista del poema se sienta un apátrida, un paria, como él mismo se define. El poeta se siente incapaz de alabar a través de sus versos a su país porque no lo siente como suyo. Cree que quienes versifican en apoyo al régimen que gobierna en ese momento no lo hacen de forma sincera, como si buscaran el beneplácito de alguien.

Para el poeta quien gobierna es el dueño de la historia del país y lo que hace con ella y lo que tergiversa afecta a todos. Así, ni siquiera donde ha nacido le hace sentir añoranza y para él sólo existe el recuerdo de lo que era antes ese lugar. Hace referencia su pasado, a su casa, a la historia de su familia, que ya no existe. Su patria ha expulsado esos recuerdos de la historia, y el bando perdedor ya no está. El poeta se siente desnudo porque su país lo ha apartado, lo ha repudiado.

Aun así el poeta se sienta acompañado por parte de ese mismo pueblo enfrentado. Sabe que, por muy poco que tenga o que le den, será mucho más y más querido de lo que tenía hasta ese momento. Para él lo más importante es, al final, la luz y la libertad que se abrirán paso definitivamente.

Sus versos los dedica a lo cotidiano, a hechos que pueden parecer intrascendentes pero que, de una manera u otra, representan muy bien la realidad social. El poeta pasó un tiempo contemplando el día a día de las personas y se da cuenta de que hay una realidad social importante, con sus miserias y sus faltas.

El hecho de que una niña se muera nos habla no solamente de un hecho aislado, sino también de la infancia que se ha perdido y de una realidad importante: la mortalidad infantil. La muerte no perdona y menos a los más pequeños. El entierro sólo certifica esta realidad, como su cara muerta a través del cristal del ataud. El poeta versa sobre lo cotidiano porque que es una realidad importante, esencial y que demuestra los horrores de una sociedad enfrentada, pobre, sin esperanza y sin oportunidades.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Qué Lástima!

¡Qué lástima 1
que yo no pueda cantar a la usanza 2
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! 3
¡Qué lástima 4
que yo no pueda entonar con una voz engolada 5
esas brillantes romanzas 6
a las glorias de la patria! 7
¡Qué lástima 8
que yo no tenga una patria! 9
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa 10
desde una tierra a otra tierra, desde una raza 11
a otra raza, 12
como pasan 13
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca. 14
¡Qué lástima 15
que yo no tenga comarca, 16
patria chica, tierra provinciana! 17
Debí nacer en la entraña 18
de la estepa castellana 19
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada; 20
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, 21
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña. 22
Después... ya no he vuelto a echar el ancla, 23
y ninguna de estas tierras me levanta 24
ni me exalta 25
para poder cantar siempre en la misma tonada 26
al mismo río que pasa 27
rodando las mismas aguas, 28
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. 29
¡Qué lástima 30
que yo no tenga una casa! 31
Una casa solariega y blasonada, 32
una casa 33
en que guardara, 34
a más de otras cosas raras, 35
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada 36
(que me contaran 37
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala) 38
y el retrato de un mi abuelo que ganara 39
una batalla. 40
¡Qué lástima 41
que yo no tenga un abuelo que ganara 42
una batalla, 43
retratado con una mano cruzada 44
en el pecho, y la otra en el puño de la espada! 45
Y, ¡qué lástima 46
que yo no tenga siquiera una espada! 47
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, 48
ni una tierra provinciana, 49
ni una casa 50
solariega y blasonada, 51
ni el retrato de un mi abuelo que ganara 52
una batalla, 53
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? 54
¡Qué voy a cantar si soy un paria 55
que apenas tiene una capa! 56

Sin embargo... 57
en esta tierra de España 58
y en un pueblo de la Alcarria 59
hay una casa 60
en la que estoy de posada 61
y donde tengo, prestadas, 62
una mesa de pino y una silla de paja. 63
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla 64
en una sala 65
muy amplia 66
y muy blanca 67
que está en la parte más baja 68
y más fresca de la casa. 69
Tiene una luz muy clara 70
esta sala 71
tan amplia 72
y tan blanca... 73
Una luz muy clara 74
que entra por una ventana 75
que da a una calle muy ancha. 76
Y a la luz de esta ventana 77
vengo todas las mañanas. 78
Aquí me siento sobre mi silla de paja 79
y venzo las horas largas 80
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa 81
la gente a través de la ventana. 82
Cosas de poca importancia 83
parecen un libro y el cristal de una ventana 84
en un pueblo de la Alcarria, 85
y, sin embargo, le basta 86
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. 87
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa 88
cuando pasan 89
ese pastor que va detrás de las cabras 90
con una enorme cayada, 91
esa mujer agobiada 92
con una carga 93
de leña en la espalda, 94
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana, 95
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana. 96
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana 97
siempre y se queda a los cristales pegada 98
como si fuera una estampa. 99
¡Qué gracia 100
tiene su cara 101
en el cristal aplastada 102
con la barbilla sumida y la naricilla chata! 103
Yo me río mucho mirándola 104
y la digo que es una niña muy guapa... 105
Ella entonces me llama 106
¡tonto!, y se marcha. 107
¡Pobre niña! Ya no pasa 108
por esta calle tan ancha 109
caminando hacia la escuela de muy mala gana, 110
ni se para 111
en mi ventana, 112
ni se queda a los cristales pegada 113
como si fuera una estampa. 114
Que un día se puso mala, 115
muy mala, 116
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas. 117

Y en una tarde muy clara, 118
por esta calle tan ancha, 119
al través de la ventana, 120
vi cómo se la llevaban 121
en una caja 122
muy blanca... 123
En una caja 124
muy blanca 125
que tenía un cristalito en la tapa. 126
Por aquel cristal se la veía la cara 127
lo mismo que cuando estaba 128
pegadita al cristal de mi ventana... 129
Al cristal de esta ventana 130
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja 131
tan blanca. 132
Todo el ritmo de la vida pasa 133
por el cristal de mi ventana... 134
¡Y la muerte también pasa! 135

¡Qué lástima 136
que no pudiendo cantar otras hazañas, 137
porque no tengo una patria, 138
ni una tierra provinciana, 139
ni una casa 140
solariega y blasonada, 141
ni el retrato de un mi abuelo que ganara 142
una batalla, 143
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada, 144
y soy un paria 145
que apenas tiene una capa... 146
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia! 147

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