A mi Padre, Ramon Lopez Velarde

Hay distanciamiento entre el poeta y su padre, al que trata de señor, aunque se dirige a él de tú. Se siente huérfano, solo, ante su presencia. El padre ha muerto muy joven sufriendo, lo que ha afectado a toda la familia posteriormente, incluido el propio poeta. La muerte se refleja, tal como nos indica el protagonista, en una agonía que duró toda la noche y le hirió en su interior como el pinchazo de una hoja en la mano y de la que brota sangre.

El poeta no olvida y tiene presente esa noche todo lo que pasó durante el día. Así recuerda perfectamente el dolor de su padre antes de morir, la confesión y las últimas palabras con su hermano, las velas encendidas con su olor, sensaciones y su luz, el cortejo fúnebre tras el velatorio, la misa y el ataúd de cuerpo presente y, finalmente, el enterramiento en la fosa.

La falta de la figura paterna deja un vacío en todo lo que rodea al poeta. Ese vacío es más intenso al marcharse su madre poco después de la muerte de su padre, de la que no sabemos si vuelva a tener noticias. Es tal su tristeza que espera reencontrarse conél día que muera. Para el poeta, la bondad del padre es algo divino y está seguro de que será uno de los que resucite el día de mañana, como indica la Biblia.

En este poema vemos por un lado la importancia de la figura paterna en el poeta y, por otro lado, como el vacío que ha dejado le ha influido en su personalidad, dejándolo huérfano de recuerdos, conocimientos y sabiduría que debía haber conocido a través de él. Pero también vemos por otro lado que no se nos hace una descripción física del padre, como si no fuera lo relevante.

Es por ello que entendemos que lo más importante era la presencia de la figura paterna, más que cómo era la persona. Era más importante lo que le aportaba al poeta. También podemos observar algo de exageración en la imagen del padre, posiblemente por la pérdida del mismo, cuando se nos describe a la persona como algo que roza la divinidad. La pérdida en los años más jóvenes del padre, seguramente influye y acrecienta la importancia de su recuerdo y lo que representaba para él.


Nota de Susana Marín. Ene. 2015

Poema original: A mi Padre

Nunca, señor, pensé que el verso mío
cuando te hablara en él por vez primera
la música filial de los veinte años,
del huérfano infelice la voz fuera.

Nada valió la familiar plegaria;
moriste en plena vida, y ¡qué contraste
tocóles a los tuyos, muerto amado,
en la noche fatal que agonizaste!

Noche con paz de luna; también fuiste
noche más que ninguna tormentosa;
tus horas de martirio florecieron
en mi jardín, como sangrienta rosa.

Todo lo evoco, Padre: tus quejidos;
tus palabras postreras; la voz triste
con que te habló tu hermano sacerdote;
la mañana de otoño en que moriste;
los cirios —compañeros de velada—;
la madre y los hermanos, todos juntos;
el ataúd que sale de la casa;
el sollozante oficio de difuntos;
y ¡oh infinita bondad la de los padres!
los ojos muertos de tu faz piadosa
que me vieron por último con lástima
en las orillas de la negra fosa.

Supe después lo enormemente triste
que es la trsiteza del hogar vacío
y lloré con la marcha de la madre
para tierras del norte. Mas confío
que te he de ver, oh Padre, para siempre
con mis pupilas de resucitado.

Aquel buen ángel que guardó el sepulcro
de Jesucristo, y que miró extasiado
la tierra redimida, y a las santas
mujeres que buscaban al Amado,
las consoló, verá concluir su oficio
cuando el último Adán encuentre abiertos
los eternos lugares de victoria
y no haya quien pregunte por sus muertos.