Límites, Jorge Luis Borges

Todos los artistas se pueden poner un poco ‘pesados’ con algunos temas. Insisten e insisten. Son obsesiones que les subyugan y no les abandonan. El arte surge en soledad, y cuando estamos solos nos enfrentamos a esas obsesiones. Insistir en un tema también ayuda a configurar un estilo. Y en literatura es casi imprescindible para generar una voz propia.

Los límites son el tiempo como principio y final

Borges tenía una voz única y en su poesía abundaba el desarrollo de una de sus obsesiones: el tiempo. El poema “Límites” pertenece a El Hacedor (1960), uno de los libros más populares del bonaerense. Y los límites no son otra cosa que el tiempo, el tiempo como dimensión humana, el tiempo como principio y final.

No obstante, a diferencia de otros poemas, “Límites” deja una sensación de tristeza, casi de angustia, una vez que nos deslizamos fuera de él tras leer el último verso. Porque aquí no hay lugar a la reflexión sobre el carácter cíclico del tiempo, sobre la eternidad del instante, aquí Borges expone los límites que tenemos como seres finitos.

¿Cuándo recorreré esta calle por última vez? ¿Será esta?

¿No habéis pensado alguna vez lo mismo que Borges? “Tal vez esta sea la última vez que visito esta ciudad, quizás no pase nunca más por esta calle”. Y lo peor de todo es que nunca lo sabremos. Somos ‘indiferentes’ al destino, no conocemos nuestro porvenir. Solo sabemos que un día recorremos por última vez tal o cual calle.

Más adelante, Borges mira a su biblioteca y se angustia al comprender que aquel libro de la estantería nunca será leído, nunca será abierto. El dios del tiempo hace acto de presencia, aunque en esta ocasión tiene cuatro caras. Tal vez esa cuarta dimensión que es para nosotros el tiempo.

¿El último grano de arena ha caído? ¿Por qué la muerte?

Y llegamos a la última y significativa estrofa. Borges se desdobla, se mira al espejo, es el otro y el mismo. El autor argentino también disfrutaba de este juego de identidades consigo mismo. ¿Quién es Borges? ¿El escritor? ¿El hijo? ¿El lector? ¿El que siempre es candidato al Nobel o el que recita poemas en un diván?

No importa, Borges es alguien y cualquiera, y en este poema cae en el olvido, de los enemigos y de los amigos. El último grano de arena ha caído.

Podemos imaginar a Borges escribiendo este poema entre triste y enfadado, por no aceptar la finitud del ser humano, preguntándose: ¿por qué no recorrer esta calle eternamente? ¿Por qué no podemos soñar siempre? ¿Por qué la muerte?


Nota de David Rubio.
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Poema original: Límites

De estas calles que ahondan el poniente, 1
una habrá (no sé cuál) que he recorrido 2
ya por última vez, indiferente 3
y sin adivinarlo, sometido 4

a quien prefija omnipotentes normas 5
y una secreta y rígida medida 6
a las sombras, los sueños y las formas 7
que destejen y tejen esta vida. 8

Si para todo hay término y hay tasa 9
y última vez y nunca más y olvido 10
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa, 11
sin saberlo, nos hemos despedido? 12

Tras el cristal ya gris la noche cesa 13
y del alto de libros que una trunca 14
sombra dilata por la vaga mesa, 15
alguno habrá que no leeremos nunca. 16

Hay en el Sur más de un portón gastado 17
con sus jarrones de mampostería 18
y tunas, que a mi paso está vedado 19
como si fuera una litografía. 20

Para siempre cerraste alguna puerta 21
y hay un espejo que te aguarda en vano; 22
la encrucijada te parece abierta 23
y la vigila, cuadrifronte, Jano*. 24

Hay, entre todas tus memorias, una 25
que se ha perdido irreparablemente; 26
no te verán bajar a aquella fuente 27
ni el blanco sol ni la amarilla luna. 28

No volverá tu voz a lo que el persa 29
dijo en su lengua de aves y de rosas, 30
cuando al ocaso, ante la luz dispersa, 31
quieras decir inolvidables cosas. 32

¿Y el incesante Ródano y el lago, 33
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino? 34
Tan perdido estará como Cartago 35
que con fuego y con sal borró el latino*. 36

Creo en el alba oír un atareado 37
rumor de multitudes que se alejan; 38
son lo que me ha querido y olvidado; 39
espacio, tiempo y Borges ya me dejan. 40

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