Un lápiz, Alfonsina Storni

La poeta compra un lápiz y al verlo de cerca le recuerda un cañón pequeño. Un cañón que lanza andanadas de ideas que van desde su mente al papel. Sale a la calle después que la inspiración menguara. Guarda el lápiz en el bolso con todo lo que lleva, con todo tipo de elementos habituales en el bolso de una mujer. Está distraída y no vio un vehículo que la atropelló y la lanzó con fuerza. Es entonces que pensó que ese lápiz que llevaba creyó que era camión, la había defendido disparando al coche y alejándola del peligro.

En este poema podemos hablar de varios temas. Uno de ellos es cómo es de importante para la poeta llevar algo con lo que poder escribir, ya que se encuentra en un momento en el que parece que tiene una falta de inspiración. El mero hecho de poder encontrar la posibilidad de comprar un lápiz durante su camino, hace que éste se convierta no solamente un elemento para escribir, sino en una fuente de inspiración para ello, además de convertirse en metáfora, en idea, ya que lo cosifica en otro elemento, en este caso un cañón.

Por otro lado nos pone en la tesitura de un hecho que podía haber sido grave. Un coche la empuja provocando que se desplace. Automáticamente el poema cambia y no se nos dice nada de las consecuencias del casi atropello, de lo que pasa por su cabeza, etcétera. El primer pensamiento e imagen que le viene a la mente es la de cómo el lápiz que lleva en el bolso se convierte en ese cañón metafórico y la defiende de un ataque enemigo.

Es por ello que podemos entender que es importante darse cuenta que la inspiración, para escribir un texto, un poema o cualquier otro tipo de escrito literario, puede aparecer de la manera más insospechada, en el lugar que menos esperamos y de la forma que menos pensamos. De la misma forma, un hecho cotidiano se convierte en algo especial, un elemento, un objeto, una cosa, etcétera, cambia radicalmente la acción y se vuelve algo que inspira, algo que plasmar como algo completamente diferente, nuevo, creativo.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Un lápiz

Por diez centavos lo compré en la esquina 1
y vendiómelo un ángel desgarbado; 2
cuando a sacarle punta lo ponía 3
lo vi como un cañón pequeño y fuerte. 4

Saltó la mina que estallaba ideas 5
y otra vez despuntólo el ángel triste. 6
Salí con él y un rostro de alto bronce 7
lo arrió de mi memoria. Distraída 8

lo eché en el bolso entre pañuelos, cartas, 9
resecas flores, tubos colorantes, 10
billetes, papeletas y turrones. 11

Iba hacia no sé dónde y con violencia 12
me alzó cualquier vehículo, y golpeando 13
iba mi bolso con su bomba adentro. 14

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