Jardín de Ceniza, Alí Chumacero

El poeta está sufriendo. La noche, metáfora de la muerte, está presente en su vida constantemente. Únicamente la presencia de la mujer que ama, que lo ama, parece mitigar algo este dolor. Esa mujer que se entrega al poeta, que lo quiere, que le ofrece su cuerpo, es, para el poeta, algo temporal.

Una relación tiene un final y, como las flores, acaba bajándose. Aun así, el poeta siente que ese amor, esta entrega de la amada, aunque sea temporal, aporta placer, un sentimiento único de felicidad momentánea. Pero al final todo termina, acaba con la muerte. Todo camino vital, todo deseo, acaba con el ataúd, volviendo a la tierra.

Si bien es cierto que cuando acabamos de leer este poema podemos tener una sensación negativa respecto a los sentimientos del poeta por la vida, no menos cierto es que nos presenta una realidad a la que no todos tememos enfrentarnos: la muerte. Desde el punto de vista sentimental, el poeta parece que es consciente de que las relaciones personales, en la mayoría de las ocasiones, tienen una temporalidad marcada.

Al mismo tiempo, la muerte es una presencia constante en el poema y, por lo que parece, en los pensamientos del poeta. En este caso observamos una negatividad bastante acusada por la cual el poeta no deja margen a la felicidad, insistiendo una y otra vez en la fugacidad de la vida y en la muerte como único punto de referencia, del que el ser humano debería tomar conciencia.

El tema de que nacemos para morir está presente en este texto, a lo largo de los versos. Hay atisbos y momentos de felicidad que para el poeta son pasajeros y que, realmente, carecen de importancia para él. Hay una obsesión por la llegada de este último instante de nuestra vida en la que volveremos a ser parte de la tierra, en la que únicamente nos espera un ataúd, la muerte.

Sin embargo, cuando leemos el poema, no tenemos la sensación de que sean unos sentimientos destructivos tanto para el poeta como para el lector. Únicamente parece mostrarnos sus pensamientos pero sin la intención de hacernos sentir incómodos. Es como si el poeta fue consciente de que la muerte no llega a todos y tuviera la necesidad de plasmarlo en un poema.


Nota de Susana Marín. May. 2015

Poema original: Jardín de Ceniza

Haber creído alguna vez
viendo la noche desplomarse al mundo
y una tristeza al corazón volcada,
y después ese cuerpo que oprimen nuestras manos:
la mujer que sonríe
y sobre el lecho se nos vuelve
cadáver mutilado en el recuerdo,
como mentira ínfima
o rosa desde siglos viviendo en el silencio.
Y sin embargo en ella nos perdemos,
muertos contra sus brazos, en su misterio mudos
tal una voz que nadie escucha,
frutos ya de cadáver de amor, petrificados;
su placer nos sostiene sobre un mentido mundo,
ahí nos consumimos continuando
en la vana tarea interminable,
y luego no creemos nada,
somos desolación o cruel recuerdo,
vacío que no encuentra mar ni forma,
rumor desvanecido en un duro lamento de ataúdes.