La Estrella de la Tarde, Porfirio Barba Jacob

El poeta conoce el entorno, lo que le rodea, pero esta noche no puede reconocerlo. Noche cerrada en el que lo único que se puede sentir, que no ver, es el aullido del perro que lo acompaña. Esa sensación de no poder ver, de no poder orientarse, agota el poeta y le hace sufrir de impotencia.

Siente que no hay nada que hacer. En ese momento no valen nada de lo conocido, el valor o cualquier otro tipo de sentimiento. Siente que está en un impás del que desconoce lo que ocurrirá. Todo lo rodea la oscuridad y esto se refleja en las imágenes que pasan por su mente, que aumentan esa sensación. Esto influye en su creación poética.

Además de la oscuridad, el silencio lo llena todo. Ese momento de vacío le crea mayor inseguridad, preguntas de las que no podemos tener respuesta. El poema continúa con el desconocimiento de lo que va suceder. Sin embargo ocurre un cambio, algo comienza a aparecer, a brillar.

Esto le aporta cierta fortaleza, una sensación de ánimo, de que hay un futuro, pero el poeta no puede identificar que es. Una estrella devuelve a la vida la noche, la ilumina y hace que todo lo que rodea el poeta se vuelva real. La naturaleza se expresa a través de su fauna, sus insectos. El poeta nota la aparición de un cielo estrellado que le aporta la tranquilidad que necesita.

Si leemos el poema desde el punto de vista literal, únicamente vemos una acción común en cualquier momento del año. Una persona que está sola en mitad del campo en una noche cerrada y que todo lo que le rodea es invisible para él. Únicamente cuando aparecen las estrellas toda esa oscuridad comienza a tener sentido, comienza a ser visible.

Si lo vemos el punto de vista literario, podemos entender este poema como la necesidad del poeta por aferrarse a algo que le aporte seguridad, tranquilidad, realidad. El poeta parece que vive rodeado de personas que no se muestran como son y la desconfianza es un elemento que está ahí. Sin embargo, hay la búsqueda de asirse a algo que le haga sentir lo contrario que le ayude a encontrar eso que busca, esa luz que ilumine esa oscuridad que hay dentro de su corazón.


Nota de Susana Marín. Mar. 2015

Poema original: La Estrella de la Tarde

Un monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción... Y, sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.

Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado;
el perro del pastor trágicamente
aúlla entre las hierbas del vallado.

Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora, como yo, por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.

Nunca sabremos nada...

¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante,
vago rumor de mares en zozobra,
emoción desatada,
quimeras vanas, ilusión sin obra?
Hermano mío, en la inquietud constante,
nunca sabremos nada...

¿En qué grutas de islas misteriosas
arrullaron los Números tu sueño?
¿Quién me da los carbones irreales
de mi ardiente pasión, y la resina
que efunde en mis poemas su fragancia?

¿Qué voz suave, que ansiedad divina
tiene en nuestra ansiedad su resonancia?

Todo inquirir fracasa en el vacío,
cual fracasan los bólidos nocturnos
en el fondo del mar; toda pregunta
vuelve a nosotros trémula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida.

Hermano mío, en el impulso errante,
nunca sabremos nada...

Y sin embargo...
¿Qué mística influencia
vierte en nuestros dolores un bálsamo radiante?
¿Quién prende a nuestros hombros
manto real de púrpuras gloriosas,
y quién a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?
Tú, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
—«La estrella de la tarde está encendida».
Ávidos buscan su fulgor mis ojos
a través de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz...

Un grillo canta
en los repuestos musgos del cercado,
y un incendio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo ante la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado...