Credo, León Felipe

El título del poema es una declaración de intenciones del poeta León Felipe. A través de los diferentes versos va a plasmar su manera de ver el mundo que le rodea, la realidad que lo observa y nos hace ser partícipes de esa mirada junto a él. El poeta/hombre derrotado, agotado desea morir, incluso se plantea el suicidio («escaparme por la puerta maldita») para acelerar el proceso. Sin embargo algo siempre se le impiden el último momento: Dios. Creer en él y saber que llegará antes o después está presente en esos momentos de dificultad.

Se ve a sí mismo caduco y tras hacer un balance vital profundo, fiel, etc. se muestra como alguien que no ha dejado huella, que no ha dejado ningún legado y sólo puede llorar por darse cuenta de ello. Ese sentimiento quizá es el que le hace sentir peor y más frustrado. El poeta le pide a Dios reencarnarse, volver a este mundo terrenal para ser mejor y dejar algo propio. Para él, el alma nuca muere, es inmortal, se reencarna en otros cuerpos para renacer y evolucionar, mejorar y corregir fallos que haya tenido en otras vidas, como el pecado original.

Siente que nuestra vida terrenal es, a la vez, el purgatorio y el infierno, que son la fase que tenemos que pasar todos para llegar a Dios, a la luz que describe el poeta. La luz, la divinidad no se puede ver, sólo se siente y es todo lo que se necesita. Para el poeta todo esto es una mezcla de amor de Dios. El poeta no ha llegado a ese estado y está desconsolado.

Estos sentimientos encontrados en los que un poeta habla de un camino vital oscuro, desgraciado o negativo, contrasta en muchas ocasiones con procesos creativos importantes y muy fructíferos. De hecho, son estos momentos más oscuros los que producen mayor cantidad de obras. Sin embargo, estas suelen tener un carácter muy y agónico o de carácter autodestructivo.

Es una constante que en la última etapa vital del poeta, hay una necesidad de encontrar la paz, de someter conciencia a un listado del camino recorrido para ver cuáles han sido los aciertos, los errores y fracasos. En este caso, vemos como, a diferencia de otros, el poeta desea poder cambiar su pasado pero no para no tener experiencias, sino para que todo ese proceso vital le ayude a dejar algo que sea recordado. Estamos ante la necesidad de ser una referencia, una estrella en el firmamento, ser alguien.


Nota de Susana Marín. Jul. 2014

Poema original: Credo

Aquí estoy...
En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando
a que me llamen...
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita
y condenada
y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro
y me ha dicho severo:
No, no es la hora todavía... hay que esperar...
Y aquí estoy esperando...
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida...
¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí.
Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda...
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
Otra vez lo haré mejor, Señor,
porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer?
¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?
Creo que Dios nos da siempre otra vida,
otras vidas nuevas,
otros cuerpos con otras herramientas,
con otros instrumentos... Otras cajas sonoras
donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor
para ir corrigiendo lentamente,
muy lentamente, a través de los siglos,
nuestros viejos pecados,
nuestros tercos pecados...
para ir eliminando poco a poco
el veneno original de nuestra sangre
que viene de muy lejos.
Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo.
Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio...
¡pero está!
Creo que tenemos muchas vidas,
que todas son purgatorios sucesivos,
y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos,
constituyen el infierno, el infierno purificador,
al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos.
Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos.
Sólo la Luz brilla sin tregua,
diamantina,
infinita,
misericordiosa,
perdurable por los siglos de los siglos...
Ahí está siempre con sus divinos atributos.
Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla...
estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.