Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, Jaime Sabines

Jaime Sabines (1926-1999) nos dejó bajo este título un conmovedor y sincero poema. Dicho poeta perteneció a la generación de poetas mexicanos de mitad de siglo. Sabines se dedicó desde muy joven a las letras y, además, le fue inculcado por parte de su padre un gran amor por la lectura. Y es precisamente a su padre, el Mayor Sabines, a quien dedica este extenso poema.

Se trata de un poema muy peculiar debido a que a medida que se desarrolla, el poeta va sorprendiendo al lector con nuevas y casi inimaginables formas métricas. La temática ofrece una unidad evidente: aquello que para él supuso la muerte de su padre; pero tanto el estilo como el vocabulario empleado son genuinamente originales.

Es un poema ideal para aquellos que comienzan a leer a Sabines, ya que se muestra el universo existencial del autor, los miedos y angustias que irá desarrollando a lo largo de toda su obra y un estilo muy personal

Algo sobre la muerte del Mayor Sabines podría considerarse un poemario y no únicamente un poema, ya que consta de casi quinientos versos. Estos versos están divididos en dos partes, la primera de las cuales es bastante más extensa que la segunda. Y a su vez cada una de las partes se compone de diecisiete y cinco poemas respectivamente.

El poeta comienza reconociendo el agotamiento físico, emocional y psicológico que sufre ante la dolorosa y terminal enfermedad que está matando a su padre

A lo largo de todo el texto irá describiendo tanto el sufrimiento de su padre como el que a él lo acompaña, lo persigue, lo asfixia. En la primera parte los versos demuestran que Sabines se niega a aceptar la muerte de su padre, y dedica varias estrofas al cáncer, al sufrimiento y al vacío existencial que sufre todo aquel que ve a sus seres queridos morir. Asocia en esta primera parte la muerte a conceptos como los siguientes: vejez, soledad, oscuridad, vacío, silencio, canas… y constantemente se burla de la condición de Dios.

Mantiene desde el principio la metáfora de un árbol cuyo tronco sería su padre y él y sus familiares las ramas (versos 14-15); e irá entretejiendo esta metáfora con el resto de las figuras literarias hasta el final. Así, por ejemplo, vemos palabras como: sombra, ramas, frutas, raíz, plantas, árbol frutal o leña… es decir, juega con este campo semántico tratando de mantener fresca en la memoria del lector la idea de que su padre es el tronco y ellos son las ramas que de él brotaron y que con él se caerán. Esta primera parte del poema está llena de paradojas: “Debajo de la tierra (…)” (versos 189-191) y se caracteriza por el pesimismo, la angustia y el vacío que experimenta el autor; hasta el punto de que llega a reconocer que no está escribiendo en absoluto pensando en un lector o porque quiera plasmar un sentimiento de manera artística, sino porque es, quizás, la única forma que tiene de sentir un poco de consuelo (versos 149-156).

Cabe destacar el poema VII, pues con él está reconociendo que a pesar de que culpa a Dios de la muerte y que no siente en Él refugio alguno, busca un ser superior al que dirigirse y al cual rogar misericordia. Se dirige a la tierra como si fuera la protectora de su padre y hace una especie de oración. Esto nos muestra su debilidad y la debilidad de todo ser humano ante la muerte (versos 172-182).

En el poema número XII comienza a percibirse cierto cambio en la perspectiva de la situación

Ahora parece que el autor está empezando a aceptar el hecho de que su padre ya no exista y hace una descripción de la muerte algo menos rencorosa y con más filosofía (versos 256-269).

Podemos observar, pues, que no fueron todos los versos escritos en la misma fecha y por ello sus sentimientos han evolucionado. Sabemos que su padre murió en octubre y que un mes después habría sido su cumpleaños. Es el propio autor el que señala la fecha en el verso 312 “(Noviembre 27)” y en los siguientes versos se dirige directamente a su padre para contarle que todos se reunieron en su nombre y lo recordaron (versos 313-327).

Los últimos cinco poemas de la primera parte están dedicados, de nuevo, a su padre

Se sincera con él con las más entrañables de las palabras y haciéndonos sentir que no puede dejar de pensar en su padre como si siguiera vivo.

En la segunda parte, que comienza tras 341 versos, describe los sentimientos de la familia con cierta distancia. Explica el autor que ha pasado el tiempo: “mirado a través de las noches (…) Un día sin ojos” (versos 4-6); “cada vez más igual tu carne que tu traje” (verso 13) y que lo sigue extrañando como el primer día; pero se percibe en sus palabras que su herida no está ya tan fresca y que ha tenido tiempo para reflexionar, pensar y aceptar. Así, mientras que al principio decía: “¡A la chingada las lágrimas!” (versos 87-88 de la primera parte), ahora dice: “Quiero llorar a veces…” (versos 28-30 de la segunda parte).

También puede observarse una mejoría en el tono para referirse a Dios; y cómo logra el poeta reconocer que así es el devenir de la existencia humana. Llaman especialmente la atención los versos 65-67: pues mientas que en el pasado le pedía que volviera, que no se marchara, ahora le relata a su padre cómo le echó encima “tierra, piedras, lágrimas” para que ya no saliera más.

Los tres últimos poemas están cargados de reflexiones metafísicas sobre la muerte, el devenir y la realidad, y alguna que otra nota biográfica (verso 83)

Después de todo lo sufrido, llorado y exasperado, Sabines maduró y se fijó con más detenimiento en la figura de su madre, a la cual se refiere, y manteniendo hasta los últimos versos la metáfora del tronco del árbol, como “árbol frutal a un paso de la leña” (verso 115). Y termina el poema reconociendo que “es en vano llorar” (verso 120) porque sólo se llora y se sufre para uno mismo.

Con tan sinceras palabras y escribiendo de verdad como se piensa cuando se sufre (a pesar de en ocasiones nuestro autor emplee algunas palabras coloquiales en demasía), Jaime Sabines logra estremecer al lector y hacerlo imaginar cuán duro es perder a un padre y verlo morir día a día. Experiencias como estas son las que hace al ser humano pararse a reflexionar sobre la muerte, Dios, la pérdida de la juventud o la soledad. La belleza de este poema radica en que su autor logra mostrarnos el lado más triste del ser humano y el vacío existencial que sentimos ante la muerte y nos enseña, a su vez, que sólo gracias a la misericordia del paso del tiempo podemos superar nuestras aflicciones.


Nota de Victoria Jorrat.
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Poema original: Algo sobre la muerte del Mayor Sabines

PRIMERA PARTE 1
I

Déjame reposar, 2
aflojar los músculos del corazón 3
y poner a dormitar el alma 4
para poder hablar, 5
para poder recordar estos días, 6
los más largos del tiempo. 7

Convalecemos de la angustia apenas 8
y estamos débiles, asustadizos, 9
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño 10
para verte en la noche y saber que respiras. 11
Necesitamos despertar para estar más despiertos 12
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos. 13

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, 14
por eso es que este hachazo nos sacude. 15
Nunca frente a tu muerte nos paramos 16
a pensar en la muerte, 17
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la 18
alegría. 19
No lo sabemos bien, pero de pronto llega 20
un incesante aviso, 21
una escapada espada de la boca de Dios 22
que cae y cae y cae lentamente. 23
Y he aquí que temblamos de miedo, 24
que nos ahoga el llanto contenido, 25
que nos aprieta la garganta el miedo. 26

Nos echamos a andar y no paramos 27
de andar jamás, después de medianoche, 28
en ese pasillo del sanatorio silencioso 29
donde hay una enfermera despierta de ángel. 30
Esperar que murieras era morir despacio, 31
estar goteando del tubo de la muerte, 32
morir poco, a pedazos. 33

No ha habido hora más larga que cuando no 34
dormías, 35
ni túnel más espeso de horror y de miseria 36
que el que llenaban tus lamentos, 37
tu pobre cuerpo herido. 38

II

Del mar, también del mar, 39
de la tela del mar que nos envuelve, 40
de los golpes del mar y de su boca, 41
de su vagina obscura, 42
de su vómito, 43
de su pureza tétrica y profunda, 44
vienen la muerte, Dios, el aguacero 45
golpeando las persianas, 46
la noche, el viento. 47

De la tierra también, 48
de las raíces agudas de las casas, 49
del pie desnudo y sangrante de los árboles, 50
de algunas rocas viejas que no pueden moverse, 51
de lamentables charcos, ataúdes del agua, 52
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo, 53
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo, 54
viene Dios, el manco de cien manos, 55
ciego de tantos ojos, 56
dulcísimo, impotente. 57
(Omniausente, lleno de amor, 58
el viejo sordo, sin hijos, 59
derrama su corazón en la copa de su vientre.) 60

De los huesos también, 61
de la sal más entera de la sangre, 62
del ácido más fiel, 63
del alma más profunda y verdadera, 64
del alimento más entusiasmado, 65
del hígado y del llanto, 66
viene el oleaje tenso de la muerte, 67
el frío sudor de la esperanza, 68
y viene Dios riendo. 69

Caminan los libros a la hoguera. 70
Se levanta el telón: aparece el mar. 71

(Yo no soy el autor del mar.) 72

III

Siete caídas sufrió el elote de mi mano 73
antes de que mi hambre lo encontrara, 74
siete veces mil veces he muerto 75
y estoy risueño como en el primer día. 76
Nadie dirá: no supo de la vida 77
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas. 78
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro, 79
hijo de Dios desmemoriado, 80
hermano del viento. 81
¡A la chingada las lágrimas!,dije, 82
y me puse a llorar 83
como se ponen a parir. 84
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras, 85
las mujeres, el tiempo, 86
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba 87
(si es que tengo una tumba algún día). 88
Me gusta mi rosal de cera 89
en el jardín que la noche visita. 90
Me gustan mis abuelos de Totomoste 91
y me gustan mis zapatos vacíos 92
esperándome como el día de mañana. 93
¡A la chingada la muerte!, dije, 94
sombra de mi sueño, 95
perversión de los ángeles, 96
y me entregué a morir 97
como una piedra al río, 98
como un disparo al vuelo de los pájaros. 99

IV

Vamos a hablar del Príncipe Cáncer, 100
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata, 101
que se divierte arrojando dardos 102
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias, 103
a las ingles multitudinarias. 104

Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer 105
en la raíz del cuello, sobre la subclavia, 106
tubérculo del bueno de Dios, 107
ampolleta de la buena muerte, 108
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo. 109
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo, 110
es sólo un instrumento en las manos obscuras 111
de los dulces personajes que hacen la vida. 112

En las cuatro gavetas del archivero de madera 113
guardo los nombres queridos, 114
la ropa de los fantasmas familiares, 115
las palabras que rondan 116
y mis pieles sucesivas. 117

También están los rostros de algunas mujeres 118
los ojos amados y solos 119
y el beso casto del coito. 120
Y de las gavetas salen mis hijos. 121
¡Bien haya la sombra del árbol 122
llegando a la tierra, 123
porque es la luz que llega! 124

V

De las nueve de la noche en adelante, 125
viendo televisión y conversando 126
estoy esperando la muerte de mi padre. 127
Desde hace tres meses, esperando. 128
En el trabajo y en la borrachera, 129
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños, 130
en su dolor tan lleno y derramado, 131
su no dormir, su queja y su protesta, 132
en el tanque de oxígeno y las muelas 133
del día que amanece, buscando la esperanza. 134

Mirando su cadáver en los huesos 135
que es ahora mi padre, 136
e introduciendo agujas en las escasas venas, 137
tratando de meterle la vida, de soplarle 138
en la boca el aire... 139

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos 140
por tratar de escribir estas cosas. 141
¡Maldito el que crea que esto es un poema!) 142

Quiero decir que no soy enfermero, 143
padrote de la muerte, 144
orador de panteones, alcahuete, 145
pinche de Dios, sacerdote de penas. 146
Quiero decir que a mí me sobre el aire... 147

VI

Te enterramos ayer. 148
Ayer te enterramos. 149
Te echamos tierra ayer. 150
Quedaste en la tierra ayer. 151
Estás rodeado de tierra 152
desde ayer. 153
Arriba y abajo y a los lados 154
por tus pies y por tu cabeza 155
está la tierra desde ayer. 156
Te metimos en la tierra, 157
te tapamos con tierra ayer. 158
Perteneces a la tierra 159
desde ayer. 160
Ayer te enterramos 161
en la tierra, ayer. 162

VII

Madre generosa 163
de todos los muertos, 164
madre tierra, madre, 165
vagina del frío, 166
brazos de intemperie, 167
regazo del viento, 168
nido de la noche, 169
madre de la muerte, 170
recógelo, abrígalo, 171
desnúdalo, tómalo, 172
guárdalo, acábalo. 173

VIII

No podrás morir. 174
Debajo de la tierra 175
no podrás morir. 176
Sin agua y sin aire 177
no podrás morir. 178
Sin azúcar, sin leche, 179
sin frijoles, sin carne, 180
sin harina, sin higos, 181
no podrás morir. 182
Sin mujer y sin hijos 183
no podrás morir. 184
Debajo de la vida 185
no podrás morir. 186
En tu tanque de tierra 187
no podrás morir. 188
En tu caja de muerto 189
no podrás morir. 190
En tus venas sin sangre 191
no podrás morir. 192
En tu pecho vacío 193
no podrás morir. 194
En tu boca sin fuego 195
no podrás morir. 196
En tus ojos sin nadie 197
no podrás morir. 198
En tu carne sin llanto 199
no podrás morir. 200
No podrás morir. 201
No podrás morir. 202
No podrás morir. 203
Enterramos tu traje, 204
tus zapatos, el cáncer; 205
no podrás morir. 206
Tu silencio enterramos. 207
Tu cuerpo con candados. 208
Tus canas finas, 209
tu dolor clausurado. 210
No podrás morir. 211

IX

Te fuiste no sé a dónde. 212
Te espera tu cuarto. 213
Mi mamá, Juan y Jorge 214
te estamos esperando. 215
Nos han dado abrazos 216
de condolencia, y recibimos 217
cartas, telegramas, noticias 218
de que te enterramos, 219
pero tu nieta más pequeña 220
te busca en el cuarto, 221
y todos, sin decirlo, 222
te estamos esperando. 223

X

Es un mal sueño largo, 224
una tonta película de espanto, 225
un túnel que no acaba 226
lleno de piedras y de charcos. 227
¡Qué tiempo éste, maldito, 228
que revuelve las horas y los años, 229
el sueño y la conciencia, 230
el ojo abierto y el morir despacio! 231

XI

Recién parido en el lecho de la muerte, 232
criatura de la paz, inmóvil, tierno, 233
recién niño del sol de rostro negro, 234
arrullado en la cuna del silencio, 235
mamando obscuridad, boca vacía, 236
ojo apagado, corazón desierto. 237

Pulmón sin aire, niño mío, viejo, 238
cielo enterrado y manantial aéreo 239
voy a volverme un llanto subterráneo 240
para echarte mis ojos en tu pecho. 241

XII

Morir es retirarse, hacerse a un lado, 242
ocultarse un momento, estarse quieto, 243
pasar el aire de una orilla a nado 244
y estar en todas partes en secreto. 245

Morir es olvidar, ser olvidado, 246
refugiarse desnudo en el discreto 247
calor de Dios, y en su cerrado 248
puño, crecer igual que un feto. 249

Morir es encenderse bocabajo 250
hacia el humo y el hueso y la caliza 251
y hacerse tierra y tierra con trabajo. 252

Apagarse es morir, lento y aprisa 253
tomar la eternidad como a destajo 254
y repartir el alma en la ceniza. 255

XIII

Padre mío, señor mío, hermano mío, 256
amigo de mi alma, tierno y fuerte, 257
saca tu cuerpo viejo, viejo mío, 258
saca tu cuerpo de la muerte. 259

Saca tu corazón igual que un río, 260
tu frente limpia en que aprendí a quererte, 261
tu brazo como un árbol en el frío 262
saca todo tu cuerpo de la muerte. 263

Amo tus canas, tu mentón austero, 264
tu boca firme y tu mirada abierta, 265
tu pecho vasto y sólido y certero. 266

Estoy llamando, tirándote la puerta. 267
Parece que yo soy el que me muero: 268
¡padre mío, despierta! 269

XIV

No se ha roto ese vaso en que bebiste, 270
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato. 271
Ni se quemó la cama en que moriste, 272
ni sacrificamos un gato. 273

Te sobrevive todo. Todo existe 274
a pesar de tu muerte y de mi flato. 275
Parece que la vida nos embiste 276
igual que el cáncer sobre tu omóplato. 277

Te enterramos, te lloramos, te morimos, 278
te estás bien muerto y bien jodido y yermo 279
mientras pensamos en lo que no hicimos 280

y queremos tenerte aunque sea enfermo. 281
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos 282
a no ser habitantes de tu infierno. 283

XV

Papá por treinta o por cuarenta años, 284
amigo de mi vida todo el tiempo, 285
protector de mi miedo, brazo mío, 286
palabra clara, corazón resuelto, 287

te has muerto cuando menos falta hacías, 288
cuando más falta me haces, padre, abuelo, 289
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre, 290
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño. 291

Te has muerto y me has matado un poco. 292
Porque no estás, ya no estaremos nunca 293
completos, en un sitio, de algún modo. 294

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto 295
a empobrecerlo más, y a hacer a solas 296
tus gentes tristes y tu Dios contento. 297

XVI
(Noviembre 27)

¿Será posible que abras los ojos y nos veas 298
ahora? 299
¿Podrás oírnos? 300
¿Podrás sacar tus manos un momento? 301

Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta, 302
tu cumpleaños, viejo. 303
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos 304
venimos a abrazarte, todos, viejo. 305
¡Tienes que estar oyendo! 306
No vayas a llorar como nosotros 307
porque tu muerte no es sino un pretexto 308
para llorar por todos, 309
por los que están viviendo. 310
Una pared caída nos separa, 311
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo. 312

XVII

Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo 313
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza. 314
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo. 315
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza. 316

Eras, cuando caía, eras mi abismo, 317
cuando me levantaba, mi fortaleza. 318
Eras brisa y sudor y cataclismo, 319
y eras el pan caliente sobre la mesa. 320

Amputado de ti, a medias hecho 321
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo, 322
desmantelada el alma, abierto el pecho, 323

Ofrezco a tu dolor un crucifijo: 324
te doy un palo, una piedra, un helecho, 325
mis hijos y mis días, y me aflijo. 326

SEGUNDA PARTE 327
I

Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos, 328
poco a poco te acabas. 329
Yo te he ido mirando a través de las noches 330
por encima del mármol, en tu pequeña casa. 331
Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas, 332
otro día sin garganta, 333
la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose, 334
tronchando obscuramente el trigal de tus canas. 335
Todo tú sumergido en humedad y gases 336
haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma, 337
cada vez más igual tu carne que tu traje, 338
más madera tus huesos y más huesos las tablas. 339
Tierra mojada donde había tu boca, 340
aire podrido, luz aniquilada, 341
el silencio tendido a todo tu tamaño 342
germinando burbujas bajo las hojas de agua. 343
(Flores dominicales a dos metros arriba 344
te quieren pasar besos y no te pasan nada.) 345

II

Mientras los niños crecen y las horas nos hablan 346
tú, subterráneamente, lentamente, te apagas. 347
Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra, 348
veta de horror para el que te escarba. 349

¡Es tan fácil decirte "padre mío" 350
y es tan difícil encontrarte, larva 351
de Dios, semilla de esperanza! 352

Quiero llorar a veces, y no quiero 353
llorar porque me pasas 354
como un derrumbe, porque pasas 355
como un viento tremendo, como un escalofrío 356
debajo de las sábanas, 357
como un gusano lento a lo largo del alma. 358

¡Si sólo se pudiera decir: "papá, cebolla, 359
polvo, cansancio, nada, nada, nada" 360
!Si con un trago te tragara! 361
¡Si con este dolor te apuñalara! 362
¡Si con este desvelo de memorias 363
-herida abierta, vómito de sangre- 364
te agarrara la cara! 365

Yo sé que tú ni yo, 366
ni un par de valvas, 367
ni un becerro de cobre, ni unas alas 368

sosteniendo la muerte, ni la espuma 369
en que naufraga el mar, ni -no- las playas, 370
la arena, la sumisa piedra con viento y agua, 371
ni el árbol que es abuelo de su sombra, 372
ni nuestro sol, hijastro de sus ramas, 373
ni la fruta madura, incandescente, 374
ni la raíz de perlas y de escamas, 375
ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo, 376
ni mi locura, y ni tus espaldas, 377
sabrán del tiempo obscuro que nos corre 378
desde las venas tibias a las canas. 379

(Tiempo vacío, ampolla de vinagre, 380
caracol recordando la resaca.)

He aquí que todo viene, todo pasa, 381
todo, todo se acaba. 382
¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros? 383
¿para qué levantamos la palabra? 384
¿de qué sirvió el amor? 385
¿cuál era la muralla 386
que detenía la muerte? ¿dónde estaba 387
el niño negro de tu guarda? 388

Ángeles degollados puse al pie de tu caja, 389
y te eché encima tierra, piedras, lágrimas, 390
para que ya no salgas, para que no salgas. 391

III

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo 392
y van y vienen máscaras. 393
Amanece el dolor un día tras otro, 394
nos rodeamos de amigos y fantasmas, 395
parece a veces que un alambre estira 396
la sangre, que una flor estalla, 397
que el corazón da frutas, y el cansancio 398
canta. 399

Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago, 400
apostando a crecer como las plantas, 401
fijos, inmóviles, girando 402
en la invisible llama. 403
Y mientras tú, el fuerte, el generoso, 404
el limpio de mentiras y de infamias, 405
guerrero de la paz, juez de victorias 406
-cedro del Líbano, robledal de Chiapas- 407
te ocultas en la tierra, te remontas 408
a tu raíz obscura y desolada. 409

IV

Un año o dos o tres, 410
te da lo mismo. 411
¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana 412
incesante, silenciosa, llama y llama? 413
¿qué subterránea voz no pronunciada? 414
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito 415
de los dientes atrás, en la garganta 416
aérea, flotante, pare escamas? 417

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados 418
los brazos y las piernas y la cara, 419
arrendados al hoyo, entretenidos 420
los jugos en la cáscara? 421
¿para exprimir los ojos noche 422
a noche en el temblor obscuro de la cama, 423
remolino de quietas transparencias, 424
descendimiento de la náusea? 425

¿Para esto morir? 426
¿para inventar el alma, 427
el vestido de Dios, la eternidad, el agua 428
del aguacero de la muerte, la esperanza? 429
¿morir para pescar? 430
¿para atrapar con su red a la araña? 431

Estás sobre la playa de algodones 432
y tu marca de sombras sube y baja. 433

V

Mi madre sola, en su vejez hundida, 434
sin dolor y sin lástima, 435
herida de tu muerte y de tu vida. 436

Esto dejaste. Su pasión enhiesta, 437
su celo firme, su labor sombría. 438
Árbol frutal a un paso de la leña, 439
su curvo sueño que te resucita. 440
Esto dejaste. Esto dejaste y no querías. 441

Pasó el viento. Quedaron de la casa 442
el pozo abierto y la raíz en ruinas. 443
Y es en vano llorar. Y si golpeas 444
las paredes de Dios, y si te arrancas 445
el pelo o la camisa, 446
nadie te oye jamás, nadie te mira. 447
No vuelve nadie, nada. No retorna 448
el polvo de oro de la vida. 449

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    Profesor y consultor literario
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    Escritor y traductor literario
  • Rocío Calvo Fernández
    Profesora de Literatura Española
  • Mario Sanchez
    Crítico de arte, teatro y literatura
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    Escritora
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