A una Ramera, Antonio Plaza Llamas

El poeta nos habla de un contraste entre la belleza de la mujer y como esta ha sido algo que le ha marcado. Esta mujer es única, hermosa, pero ya tiene mucha experiencia con los hombres. Es de piel blanca, como una señal de pureza, pero esta misma característica contrasta con las fiestas en las que canta y participa.

El poeta sabe cuál es el oficio de esta mujer, pero la quiere. Se pregunta cómo se ha dejado engañar. No puede evitar la atracción y, al mismo tiempo, odia lo que hace y siente que su interior esta emponzoñado por el oficio de ella. En el fondo ella hace algo que no le gusta. Para él, el demonio le ha tentado y ella ha caído en su influjo. El poeta vuelve a sincerarse, quiere decir que la quiere como es y no puede evitar que sea de otra manera.

Él no quería amar a nadie y sentía que las mujeres eran objeto de burla. Cuando la conoció se enamoró de ella por completo. A lo que se dedica ella le hace sufrir, pero la ama igualmente. No sabe si el conocerla ha sido para hacerle sufrir o para cuidarle, pero esta entregado a ella por completo. La ama como mujer y al mismo tiempo siente que su trabajo lo rebaja. No le importa porque para el ella lo es todo.

Si tiene que renunciar a todo por ella lo hará, para seguirla donde desee. No importa perderlo todo por estar a su lado. Para él, su amor es sincero, de entrega total. Todo lo que hasta el momento conocía, deja de tener sentido y los demás hombres le producen odio. Odia aquellos que amaron a su amada, pero a ella la adora.

Aunque ella no lo quiera igual, en la quiere para siempre. Renuncia a todo por ella porque, sin ella, la vida no tendría sentido. Es tan profundo lo que siente que renuncia su familia y a quien más quiere, su madre, por ella. Ella lo maneja, lo utiliza y sabe cómo influenciarlo, pero no puede ni quiere evitar amarla. Cuanto más la odia más la quiere.

Nuevamente, el poeta expresa su deseo de tenerla y, al mismo tiempo, su entrega total. Su amor le hace sentir fuerte y capaz de todo lo que ella desee. No sabe si es fuerte o un muñeco en manos de esta mujer. Vuelve nuevamente a expresarnos el amor que siente hacia ella y, fuerte o débil, su entrega.

En la quiere y sin importarle lo que ha sido. Sólo desea cuidarla. El poeta es la referencia que necesita para dejar atrás su vida anterior. El amor que él siente lo puede todo. Todo lo que desea el poeta es que ella corresponda a su amor. El siente que ella lo merece todo, hasta la gracia de Dios, aunque sea una prostituta.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: A una Ramera

Mujer preciosa para el bien nacida,
Mujer preciosa por mi mal hallada,
Perla del solio del Señor caída
Y en albañal inmundo sepultada;
Cándida rosa en el Edén crecida
Y por manos infames deshojada;
Cisne de cuello alabastrino y blando
En indecente bacanal cantando.

II

Objeto vil de mi pasión sublime,
Ramera infame a quien el alma adora.
¿Por qué el Dios ha colocado, dime,
el candor en tu faz engañadora?
¿Por qué el reflejo de su gloria imprime
en tu dulce mirar? ¿Por qué atesora
hechizos mil en tu redondo seno,
si hay en tu corazón lodo y veneno?

III

Copa de bendición de llanto llena,
Do el crimen su ponzoña ha derramado;
Ángel que el cielo abandonó sin pena,
Y en brazos del demonio ha entregado;
Mujer más pura que la luz serena,
Más negra que la sombra del pecado,
Oye y perdona si al cantarte lloro;
Porque, ángel o demonio, yo te adoro.

IV

Por la senda del mundo yo vagaba
Indiferente en medio de los seres;
De la virtud y el vicio me burlaba;
Me reí del amor de las mujeres,
Que amar a una mujer nunca pensaba;
Y hastiado de pesares y placeres
Siempre vivió con el amor en guerra
Mi ya gastado corazón de tierra.

V

Pero te vi… te vi… ¡Maldita hora
En que te vi, mujer! Dejaste herida
A mi alma que te adora, como adora
El alma que de llanto está nutrida.
Horrible sufrimiento me devora,
Que hiciste la desgracia de mi vida.
Mas dolor tan inmenso, tan profundo,
No lo cambio, mujer, por todo el mundo.

VI

¿Eres demonio que arrojó el infierno
para abrirme una herida mal cerrada?
¿Eres un ángel que mandó el Eterno
a velar mi existencia infortunada?
¿Este amor tan ardiente, tan interno,
me enaltece, mujer, o me degrada?
No lo sé… no lo sé… yo pierdo el juicio.
¿Eres el vicio tú? … ¡Adoro el vicio!.

VII

¡Ámame tú también! Seré tu esclavo,
tu pobre perro que doquier te siga.
Seré feliz si con mi sangre lavo
Tu huella, aunque al seguirte me persiga
Ridículo y deshonra; al cabo, al cabo,
Nada me importa lo que el mundo diga.
Nada me importa tu manchada historia
Si a través de tus ojos veo la gloria.

VIII

Yo mendigo, mujer, y tú ramera,
Descalzos por el mundo marcharemos.
Que el mundo nos desprecie cuando quiera,
En nuestro amor un mundo encontraremos.
Y si horrible miseria nos espera,
Ni de un rey por el otro la daremos;
Que cubiertos de andrajos asquerosos,
Dos corazones latirán dichosos.

IX

Un calvario maldito hallé en la vida
En el que mis creencias expiraron,
Y al abrirme los hombres una herida,
De odio profundo el alma me llenaron.
Por eso el alma de rencor henchida
Odia lo que ellos aman, lo que amaron,
Y a ti sola, mujer, a ti yo entrego
Todo ese amor que a los mortales niego.

X

Porque nací, mujer, para adorarte
Y la vida sin ti me es fastidiosa,
Que mi único placer es contemplarte,
Aunque tú halles mi pasión odiosa,
Yo, nunca, nunca, dejaré de amarte.
Ojalá que tuviera alguna cosa
Más que la vida y el honor más cara,
Y por ti sin violencia la inmolara.

XI

Sólo tengo una madre. ¡Me ama tanto!
Sus pechos mi niñez alimentaron,
Y mi sed apagó su tierno llanto,
Y sus vigilias hombre me formaron.
A ese ángel para mí tan santo,
Última fe de creencias que pasaron,
A ese ángel de bondad, ¡quién lo creyera!,
Olvido por tu amor… ¡loca ramera!

XII

Sé que tu amor no me dará placer,
Se que burlas mis grandes sacrificios.
Eres tú la más vil de las mujeres;
Conozco tu maldad, tus artificios.
Pero te amo, mujer, te amo como eres;
Amo tu perversión, amo tus vicios.
Y aunque maldigo el fuego en que me inflamo,
Mientras más vil te encuentro, más te amo.

XIII

Quiero besar tu planta a cada instante,
Morir contigo de placer beodo;
Porque es tuya mi mente delirante,
Y tuyo es mi corazón de lodo.
Yo que soy en amores inconstante,
Hoy me siento por ti capaz de todo.
Por ti será mi corazón do imperas,
Virtuoso, criminal, lo que tú quieras.

XIV

Yo me siento con fuerza muy sobrada,
Y hasta un niño me vence sin empeño.
¿Soy águila que duerme encadenada,
o vil gusano que titán me sueño?
Yo no sé si soy mucho, o si soy nada;
Si soy átomo grande o dios pequeño;
Pero gusano o dios, débil o fuerte,
Sólo sé que soy tuyo hasta la muerte.

XV

No me importa lo que eres, lo que has sido,
Porque en vez de razón para juzgarte,
Yo sólo tengo de ternura henchido
Gigante corazón para adorarte.
Seré tu redención, seré tu olvido,
Y de ese fango vil vendré a sacarte.
Que si los vicios en tu ser se imprimen
Mi pasión es más grande que tu crimen.

XVI

Es tu amor nada más lo que ambiciono,
Con tu imagen soñando me desvelo;
De tu voz con el eco me emociono,
Y por darte la dicha que yo anhelo
Si fuera rey, te regalara un trono;
Si fuera Dios, te regalara un cielo.
Y si Dios de ese Dios tan grande fuera,
Me arrojara a tus plantas ¡vil ramera!