El silencio, José Emilio Pacheco

La noche es uno de sus momentos del día en que utilizan muchos poetas para hablar de sus sentimientos más personales, más intensos. Ejemplo de ello es este poema en el que, a lo largo de los versos del mismo, el autor nos habla de una incapacidad sensorial. La noche no sólo oculta lo que hay en el bosque, sino que, aunque hay vida, ésta desaparece de su campo de visión y de la misma manera lo hacen sus sentidos, los sonidos también.

El miedo hace que todo se anule. El silencio, como metáfora del miedo. Continúa con la idea de la incapacidad del ser humano para escucharse sí mismo, para querer conocerse y reconocerse. El hombre nunca se decide a cambiar, a ser el mismo, a levantarse, a despertarse. Recuerda en algunos momentos a esa célebre frase cinematográfica que decía «ya lo pensaré mañana…», y nunca lo hacía.

El ser humano está perdido, no se encuentra y esto hace que no sepa qué decir. El bosque podríamos asociarlo a la sociedad, a la ciudad, a cómo actualmente todo se vuelve impersonal, distante y, continuando con la idea del poema, silencioso. Es casi como si el mundo se hubiera acabado. El hombre está solo y la soledad lo rodea por completo aunque siga rodeado de personas, de momentos personales, de grupos, de gente.

Lo impersonal es algo presente en toda la literatura, ya sea narrativa, poética, ensayó, teatral, etc. Por mucho que el ser humano evolucione, una de las necesidades más importante es la sensación del grupo, sentirse integrado dentro de uno o, por lo menos, saber que forma parte de un colectivo. El problema está en que, en la actualidad, eso se está perdiendo y cada vez más las personas que vivimos en sociedad sentimos que hay un alejamiento sentimental y las distancias de proximidad cada vez son menos cercanas y más aisladas.

Este poema pone encima de la mesa esos sentimientos, esa sensación de soledad que vivimos en un mundo cada vez más impersonal y José Emilio lo plasma de una manera sencilla y sincera, recubierta de algunas metáforas e imágenes, pero con toda su crudeza. La noche lo envuelve todo, la ceguera humana es cada vez más acusada y el silencio, en un mundo lleno de sonidos, de ruidos y de presencias, es mucho más presente. Es un silencio que va poco a poco acallando al ser humano, a nuestros deseos, a nuestros sentimientos, a nuestra vida.


Nota de Susana Marín. May. 2014

Poema original: El silencio

La silenciosa noche. Aquí en el bosque
no distingo rumores, no, de ninguna especie.
Los gusanos trabajan.
Los pájaros de presa hacen lo suyo
(seguramente).
Pero no escucho nada.
Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
tan raro, tan escaso se ha vuelto en este mundo
que ya nadie se acuerda como suena,
ya nadie quiere
estar consigo mismo un instante.
Mañana
dejaremos de nuevo la verdadera vida para
mañana.
No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
extrañeza de hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
Silencio en este bosque, en esta casa
a la mitad del bosque.
¿Se habrá acabado el mundo?