Pequeña del Amor, Jaime Sabines

El poeta está con una joven, seguramente adolescente, que está despertando al amor. Él sabe que ella ignora todo sobre este sentimiento. Se da cuenta que ella habla sobre la pasión sin saber qué es. Se arregla y perfuma para encontrar ese sentimiento, pero el poeta es consciente de que eso no se busca.

El dolor de la joven no le duele al poeta porque sabe qué es lo que siente, lo que le pasa y por lo que sufre: amor de juventud. Está llorosa, sufriente y anhela encontrar el amor. Tu que realmente despierta al poeta es la pasión y fuerza de la joven, esa ingenuidad del sentimiento. La juventud ingenua de la joven durará poco, se irá y conocerá la vida real. El poeta se queda con ese instante para sí mismo.

El despertar al amor, como hemos indicado anteriormente es el tema principal del poema. El poeta ve la inocencia del amor, los primeros pasos en el cambio de niñez a la adolescencia en esta joven y como el amor va despertando en ella, ilusionándola, sin que haya tenido ningún tipo de experiencia.

El poeta no intenta aconsejarla, no intenta decirle lo que tiene que hacer. Únicamente la observa y deja que ella tome sus propias decisiones, que se equivoque o que acierte. Y se va con la imagen de haber, de alguna manera, rejuvenecido un poco ante la visión de esa inocencia adolescente que despierta al amor, que desea encontrar esa persona que le dé su primer beso, que la ame por primera vez y le haga sentir mujer.

Es un poema sencillo, es un poema lleno de inocencia y en el que el poeta parece que está como en un aparte, como si estuviera viendo una escena en una obra de teatro o una película. Únicamente tenemos la certeza de que está al lado de la joven porque parece que le habla acerca de lo que siente y lo que le gustaría encontrar. La fuerza y la pasión de la joven es lo que conmueve al poeta y esto es lo que desea quedarse, esa imagen, esa juventud, esa inocencia que se convierte en amor, en deseo, en ese paso de niña a mujer. Es la imagen del amor.


Nota de Susana Marín. Nov. 2015

Poema original: Pequeña del Amor

Pequeña del amor, tú no lo sabes,
tú no puedes saberlo todavía,
no me conmueve tu voz
ni el ángel de tu boca fría,
ni tus reacciones de sándalo
en que perfumas y expiras,
ni tu mirada de virgen
crucificada y ardida.

No me conmueve tu angustia
tan bien dicha,
ni tu sollozar callado
y sin salida.

No me conmueven tus gestos
de melancolía,
ni tu anhelar, ni tu espera,
ni la herida
de que me hablas afligida.

Me conmueves toda tú
representando tu vida
con esa pasión tan torpe
y tan limpia,
como el que quiere matarse
para contar: soy suicida.

Hoja que apenas se mueve
ya se siente desprendida:
voy a seguirte queriendo
todo el día.