La Luna, Jaime Sabines

La luna es vida y sueño en su justa medida o como deseemos. La luna es atrayente, nos relaja y hace que dejemos de pensar y solo disfrutemos de su vista. También es un elemento que nos da suerte. Hace despertar nuestro amor y que nos llene más que lo material. Nos ayuda como terapia.

Podemos ayudarnos de ella y su luz para que los niños duerman y su visión calma en la muerte de los mayores. Despierta nuestros sueños más profundos. También nos devuelve la ilusión y la esperanza a los que sufren de formas diversas. A los presos y los libres nos hace despertar, vivir, tener esperanza.

La luna es únicamente el satélite de la tierra y su luz es, sencillamente, el reflejo del sol en la tierra. Sin embargo, para el poeta y para la mayoría de los seres humanos es algo que va más allá de una roca o algo que gira alrededor de la tierra. Es un elemento que despierta en nosotros muchos sentimientos.

En ella vemos la fuerza porque es capaz de crear las mareas a través de su atracción. De la misma forma deseamos que el amor despierte en nosotros con su influencia. La visión de la misma es atractiva y relaja a muchas personas de una manera real, aunque únicamente sea algo que gira y gira alrededor de nuestro planeta.

La luna, iluminada es algo que emana tranquilidad, que nos da seguridad y es por ello que los niños, al ver esa luz, se sienten mejor a la hora de dormir y a muchos enfermos y ancianos les ayuda a conciliar mejor las noches, a sentirse más seguros y pensar que la muerte, el día que nos coja de la mano, será algo menos doloroso, más sereno.

La luna nos hace soñar y pensar. Hace que nuestra imaginación se desborde de muchas formas y, como nos indican los últimos versos, ayuda a los que, estén libres o encerrados, a que el tiempo pase de otra manera, a que las horas se hagan más cortas y los sueños y creer que todo es posible sea algo más cierto, más verdadero.


Nota de Susana Marín. Nov. 2015

Poema original: La Luna

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.