Himno a la Juventud, Jaime Gil De Biedma

El poeta está en la playa pasando el día y, cuando menos lo espera, aparece una joven cuyas curvas, cuyo cuerpo, le hace recordar al poeta el deseo de cuando era joven. Es este mismo sentimiento el que le hace darse cuenta de su edad y como el ser mayor es una realidad inevitable. La imaginación y el deseo se disparan

Es una chica muy joven que sale del mar y junto con el brillo del sol y el blanco de la espuma, podemos observar como esa imagen de pureza se intensifica. La belleza física de la joven es algo que enamora al poeta y le hace vibrar. La imagen de la joven, empapada, es algo pictórico, onírico, casi divino.

La joven es, para el poeta, vida, el recuerdo de una juventud que ya ha vivido. Ama su belleza pero parece que no hay deseo sexual. La joven, como esperamos en un canon de belleza, es rubia y parece que va a volver al mar, como lo haría una sirena. El poeta sabe que, aunque parezca que no, la joven es consciente de la atracción que los hombres sienten hacia ella en ese momento. Es una atracción irresistible.

Aunque el poeta nos quiera dar a entender que no hay una intención o deseo sexual en el poema, este está presente en cada uno de los versos. Sin embargo, como objeción, se nos presenta una chica muy joven, aunque por algunas pinceladas podemos intuir que es extremadamente joven. Es por esto que la motivación sexual del poeta hasta cierto punto nos parece negativa.

Está claro que intenta ser políticamente correcto, una creación poética, etcétera. Sin embargo, la carga sexual hacia la joven hace que hasta cierto punto sintamos una incomodidad a la hora de leer los versos. Si bien es cierto que están llenos de belleza, desde el punto de vista literario, no menos cierto es que este tipo de literatura, que en su momento era aceptada y reconocida, actualmente se mira desde otra perspectiva y, por mucho que se adorne con todo tipo de imágenes oníricas, etc., no se mide de un modo positivo en su totalidad.


Nota de Susana Marín. Abr. 2015

Poema original: Himno a la Juventud

A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la vida?
Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas.

Y te vemos llegar -figuración
de un fabuloso espacio ribereño
con toros, caracolas y delfines,
sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y sonriendo.

Nos anuncias el reino de la vida,
el sueño de otra vida, más intensa y más libre,
sin deseo enconado como un remordimiento
-sin deseo de ti, sofisticada
bestezuela infantil, en quien coinciden
la directa belleza de la starlet
y la graciosa timidez del príncipe.

Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos,
oh bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles,
y los arcángeles,
los tronos, las abominaciones...