El Dulce Milagro, Juana de Ibarbourou

El amor es la temática más universal utilizada en todo tipo de género literario y otros como la música, etc. No podemos entender la poesía sin que el amor esté presente en ella, sin que forme parte de versos y poemas, sin que nos arrebate, en el sentido positivo o negativo, todo tipo de sentimientos cuando leemos los versos de muchos y variados poetas.

En este caso, la poeta nos dice que el amor ha surgido en ella y la belleza es fruto de este renacimiento. Ha extraído todo lo mejor de ella, tanto interior, espiritual y exteriormente. La emoción le hace tener todo tipo de sentimientos bellos que necesita expresar. Quien la ve así no comprende su felicidad ni puede entenderla.

La poeta se da cuenta de que la mayoría de las personas que conoce no saben lo que es el amor verdadero. Ella sí y no se conforma sólo con querer descubrir este sentimiento tan profundo. No es un amor de juventud, es amor de mujer en la que cabe cariño, la pasión y, sobre todo, la entrega sincera. A la poeta no le importa lo que piensen o digan de ella. Ella está enamorada y todo lo llena este sentimiento, esta entrega por completo.

Cuando acabamos de leer este poema surgen varias ideas que podemos extraer al interpretar los versos. Por un lado, tenemos presente la intensidad del sentimiento amoroso por parte de la poeta y como ella se entrega a este de una manera incondicional, sin indicarnos quién es el receptor de ese sentimiento.

Por otro lado, también surge esa necesidad, que no vemos en la poesía de poetas masculinos, de justificarse ante el círculo social en el que se mueve. Es decir, de la misma manera que un poeta masculino no justifica sus relaciones amorosas y sentimientos a nadie, cuando hablamos de poesía femenina, en muchas ocasiones se nos muestra como la poeta, aunque no quiera justificarlo, introduce esa necesidad de no querer que nadie se meta en su vida privada, de que nadie la catalogue o la critique, algo que no tendría que explicar.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: El Dulce Milagro

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!»

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: «Voy con la dulzura»,
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!