Coplas Del Vino, Nicanor Parra

Estamos ante un poema que nos presenta el vino como un elemento importante en la poesía del protagonista del pueblo. No solamente está presente desde el punto de vista personal, sino también se nos muestra como un elemento importante para el establecimiento de relaciones sociales entre las personas, como cultura de un pueblo y, también como riqueza de un territorio.

El poeta pide condescendencia al lector/público por no expresar bien todo lo que va a decir con la voz. Esto hay que entenderlo como algo que va ser cantado y es por eso mismo que, al no ser un profesional del cante, no va a ser lo mismo. Con un porte pálido y con algunos años encima, la ilusión de participar en la fiesta lo rejuvenece.

Para él, una buena conversación entre dos amigos es mucho mejor con una buena botella de vino. El calor de este calienta e invita a integrarse más en el ambiente y dar ese paso para cantar. El poeta nos habla de que esta bebida, el vino, está presente en los cuentos antiguos y modernos, que esconde la esencia de muchos lugares y hace que la lengua hable.

El poeta es consciente de que hay que escoger entre beber para refrescarse, para disfrutarlo o para aliviar las penas y, finalmente olvidar. Al poeta le gusta beber porque disfruta y por los efectos que produce si la cantidad es suficiente. Siente que el vino, cuando lo toma, es algo divino, casi como la sangre de Cristo. Al tomarlo, siente que tiene que ver con lo divino, casi algo religioso. Puede tomarse de cualquier manera y del tipo que sea. Cada uno, como dice el poeta, tiene sus gustos.

Muchos ahogan en él sus penas, sus fracasos, e incluso lo utilizan para olvidar, para no sufrir y no pensar en los problemas que uno pueda tener. Para el poeta, el vino es más valioso que cualquier riqueza. Hace ver al ciego y bailar al cojo. De esta manera se puede ver como algo milagroso, casi divino. Un buen vino, bebido como debe de ser, es una experiencia inigualable. Finalmente, el poeta para acabar el poema, hace un brindis con vino, que es la bebida que es capaz de agrupar, unir a todos los que comparten un espacio, un mismo sentimiento.


Nota de Susana Marín. Mar. 2015

Poema original: Coplas Del Vino

Nervioso, pero sin duelo
A toda la concurrencia
Por la mala voz suplico
Perdón y condescendencia.

Con mi cara de ataúd
Y mis mariposas viejas
Yo también me hago presente
En esta solemne fiesta.

¿Hay algo, pregunto yo
Más noble que una botella
De vino bien conversado
Entre dos almas gemelas?

El vino tiene un poder
Que admira y que desconcierta
Transmuta la nieve en fuego
Y al fuego lo vuelve piedra.


El vino es todo, es el mar
Las botas de veinte leguas
La alfombra mágica, el sol
El loro de siete lenguas.


Algunos toman por sed
Otros por olvidar deudas

Y yo por ver lagartijas
Y sapos en las estrellas.

El hombre que no se bebe
Su copa sanguinolenta
No puede ser, creo yo
Cristiano de buena cepa.

El vino puede tomarse
En lata, cristal o greda
Pero es mejor en copihue
En fucsia o en azucena.

El pobre toma su trago
Para compensar las deudas
Que no se pueden pagar
Con lágrimas ni con huelgas.

Si me dieran a elegir
Entre diamantes y perlas
Yo elegiría un racimo
De uvas blancas y negras.

El ciego con una copa
Ve chispas y ve centellas
Y el cojo de nacimiento
Se pone a bailar la cueca.

El vino cuando se bebe
Con inspiración sincera
Sólo puede compararse
Al beso de una doncella.

Por todo lo cual levanto
Mi copa al sol de la noche
Y bebo el vino sagrado
Que hermana los corazones.