Canción del Esposo Soldado, Miguel Hernández

El poeta nos muestra estas realidades a las que se enfrenta el soldado en la trinchera. Por un lado la de estar luchando en la batalla y, al mismo tiempo, pensar en la mujer que deja atrás, en su esposa y en la vida que va creciendo dentro de su vientre. Es duro saber que se está luchando y que la mujer está embarazada, mientras espera en la trinchera para combatir.

Recuerda a la mujer que ama, su cuerpo y lo que lo desea. Analiza el embarazo de su esposa con la imagen de la cierva, como si fuera una señal de pureza y tiene miedo de que le ocurra algo, tanto a ella como al niño que lleva dentro. El soldado le expresa todo el amor que le tiene sabiendo que puede morir por un disparo, algo que éste no desea.

Anhela los besos de su esposa mientras la muerte lo rodea y los cadáveres se hacinan. Lo único que le mantiene con ánimo es el deseo de volver a besarla. Le pide que le escriba para darle fuerzas para regresar a casa y poder cuidar de ella y del pequeño. Desea dejar atrás su vida de soldado y ver crecer y educar a su hijo en un país y tierra libres.

Es soldado es consciente de que, para que viva, otros han de morir. Sólo ella será capaz de hacer olvidar esos recuerdos tan dolorosos. Mientras ella pare, mientras ella traía al mundo vida y amor, a él lo rodea la guerra, la muerte. El soldado desea que sus actos hagan que su hijo viva en un país en paz y que tras tanto sufrimiento y muertos, el amor esté nuevo entre ellos, que solo importe el amor que los une.

El poeta nos recuerda en este poema lo cruentas que son las guerras y como separa a hijos de sus padres, a esposos de sus mujeres e hijos. Lo único que separa el retorno de la muerte es la suerte de no recibir el impacto de una bala y quedar tendido en el suelo, que será pisado por otros soldados que avanzarán hacia una nueva batalla. Lo más importante de este poema es que, aunque es un momento trágico, un instante previo a la batalla, podemos intuir una ligera esperanza y creencia de que el soldado volverá junto a su mujer y verá crecer a su hijo.


Nota de Susana Marín. Ene. 2015

Poema original: Canción del Esposo Soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.