Aceituneros, Miguel Hernández

Miguel Hernández (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942) fue un poeta y dramaturgo español al que podríamos situar entre la Generación del 27 y la del 36. Resulta apasionante que tan célebre poeta fuera un estudioso autodidacta que sólo fue al colegio algunos años. No obstante, logró terminar su primer libro en el año 1933. Después participó en la guerra civil española y terminó en la cárcel.

Aceituneros es un extenso poema con características que recuerdan a las canciones populares. Miguel Hernández quizás pretendía que sus versos sonaran en la cabeza de muchos y fuera leído por otros tantos para que recordaran el mayor número de personas posibles cuánto trabajaban los aceituneros de Jaén y qué buen fruto se obtenía del sudor de su frente. Hernández vivió en una época marcada por la desigualdad social, especialmente en Andalucía; y por la división de la sociedad en clases alta y trabajadores, entre las cuales eran muchas las diferencias. Este poema se nombran a las dos, a la clase trabajadora y a la clase que de esta primera se aprovechaba.

El poema cuenta con un total de cuarenta y ocho versos agrupados en doce estrofas de cuatro versos cada una. Estas estrofas son cuartetas, de rima consonante y versos octosílabos. El esquema métrico es el siguiente: 8a 8b 8a 8b.

El poeta se dirige a los aceituneros andaluces para asegurarles que gracias a ellos, a su empeño y trabajo y a la tierra de Andalucía crecen los olivos y no gracias a los terratenientes injustos.

El texto se divide en tres partes, y cada una de estas partes viene introducida por una estrofa que se repite a modo de estribillo para introducir al lector en la parte siguiente. Estas estrofas que separan las ideas son: la primera, la quinta y la décima. Así que la primera parte la encontramos desde la estrofa número uno a la número cuatro. El poeta pregunta a aquellos que trabajan en las tierras andaluzas “quién levantó los olivos” para hacerlos pensar; y cuenta lo que ocurrió con un olivo al que ordenaron que se levantase. La segunda parte nos ocupa desde la estrofa número cinco hasta la número nueve; aquí el poeta afirma que esos olivos han sido levantados por los aceituneros y no por aquellas personas que se dicen propietarias y se enriquecen pero no cuidan las tierras ni las aman. A estos los acusa de ser injustos, despiadados y egoístas. Y la tercera y última parte se encuentra desde la décima estrofa hasta el final del poema. Miguel Hernández habla directamente a Jaén y le pide que sea fuerte, valiente y justa porque tiene mucho poder y únicamente le queda defenderse.

Destacamos los siguientes recursos literarios: pleonasmo en el verso 1, enumeraciones en los versos 5 – 8. Anáfora en los versos 9 y 10; personificación: “Levántate, olivo cano / y el olivo alzó una mano” (versos 13 – 15) y “Jaén, levántate brava” (verso 41). Hipérbole: “sol a sol y luna a luna” (verso 35); y numerosas metáforas como por ejemplo aquellas que hallamos en los versos 20: “amamantó”; 26, 26 y 28 encontramos otras tres metáforas, y cuando dice: “Árboles (…) eran principio de un pan” en los versos 29 y 31.

Este poema es una sincera exclamación con la que quiere recordar a todos los trabajadores explotados andaluces de su época lo mucho que han sufrido.


Nota de Victoria Jorrat. Ago. 2014

Poema original: Aceituneros

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.