Canción Amarga, Julia de Burgos

El paso del tiempo es un tema muy utilizado en la poesía a lo largo de la historia de la literatura. En este caso se mira como algo que ahonda en la confianza de los sentimientos de la poeta. Le provoca dudas y, sobre todo, le hace ser consciente de la fugacidad de la vida, del poco tiempo que tenemos y de cómo nacemos para acabar siendo parte de la tierra nuevamente.

La tranquilidad de la poeta contrasta con la sensación de conciencia del paso del tiempo y de que esa sombra, la muerte, poco a poco va asomando. Recuerda sus mejores momentos y le hacen sentir bien. Se ve a sí misma como poeta y como cada poema, cada canción, es un canto de esperanza, algo delicado que quiere mitigar lo peor del ser humano.

La poeta se debate entre seguir siendo ella misma o dejarse arrastrar por el pesimismo. La muerte se acerca y es consciente de que su cuerpo ya no es el mismo, ni tiene la misma vitalidad. La poeta está sola y le falta ilusión. Se siente vacía. Aun así, es consciente de lo que significa la muerte y, por ello, no dejará que esto le pueda.

Sin embargo, aunque el poema tiene un tono triste y nostálgico, el verso final nos habla de una esperanza, de como uno es consciente de que el momento de la muerte puede llegar en cualquier momento y cómo debemos enfrentarnos a ese momento: por un lado dejarnos arrastrar por la melancolía, la tristeza y sentir que no podemos hacer nada más que esperarla o, por otro lado, ser conscientes de esa fugacidad y vivir nuestra vida intensamente o lo más plenamente posible.

Lo que sí podemos observar a leer el poema es que no nos habla de su vida, de donde está o si hay alguien en ella. Lo único que nos presenta son una serie de sensaciones, una aproximación a sus miedos y su manera de enfocar estos ante una realidad más que evidente: la proximidad de la muerte. Es casi como una reflexión en voz alta a la que ella misma se da respuesta.


Nota de Susana Marín. Oct. 2014

Poema original: Canción Amarga

Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia.

Ser y no querer ser? esa es la divisa,
la batalla que agota toda espera,
encontrarse, ya el alma moribunda,
que en el mísero cuerpo aún quedan fuerzas.

¡Perdóname, oh amor, si no te nombro!
Fuera de tu canción soy ala seca.
La muerte y yo dormimos juntamente?
Cantarte a ti, tan sólo, me despierta.