Bolero, Julio Cortázar

“Bolero” es uno de los poemas más conocidos de Cortázar. Contiene una serie de reflexiones sobre las relaciones de pareja más que sustanciosas. Aunque el escritor argentino solo publicó tres poemarios a lo largo de su vida, nunca dejó de escribir poesía. Eso sí, buena parte de su producción en este género se quedó en un ámbito más privado sin el carácter revolucionario a nivel formal de algunos de sus relatos o de la celebérrima novela Rayuela.

“Bolero” se pregunta cuánto hay de vanidad en una relación de pareja

El primer verso de este “Bolero” introduce una palabra que sobrevuela el resto de la pieza: vanidad. ¿Cuánto hay de vanidad en una relación de pareja? ¿Nos gusta nuestro novio o novia porque nos vemos reflejados en él, porque “nos completa”, porque “sin él o ella, no somos nada”?

Hay muchas frases hechas en el amor, demasiadas, tantos y tantos tópicos… Cortázar siempre rehuyó los tópicos y aquí pasa por delante de ellos, jugando con algunos de esos conceptos tan repetidos, para darle la vuelta a sus significados. En “Bolero”, el yo lírico afirma que puede darle todo a su pareja, pero eso no será suficiente, porque en el amor el resultado final no es la suma de sus partes…

El amor no tiene nada que ver con las matemáticas

En la segunda estrofa, Cortázar val grano: nunca serán una estupenda pareja de revista de moda. Porque una pareja realmente perfecta nunca lo es del todo. En el amor es imposible la simetría, la igualdad, la armonía. Como bien dice Cortázar en este poema, lo que constituye uno de sus grandes hallazgos, el amor no tiene nada que ver con las matemáticas.

Y llega el famoso papelito en el que se recoge otra célebre afirmación del poeta: ¿toda una declaración romántica o un acto más de vanidad? ¿Por qué necesitamos a nuestra pareja para vernos mejor? ¿Por qué no mirar de verdad a nuestra pareja y dejar de vernos a nosotros reflejados en ella?

¿El desamor llega cuando la vanidad se apodera de una relación?

Y así llega el desamor, como en un fragmento de video que va marcha atrás, la cama se deshace de los cuerpos. Y entonces los amantes se separan para mirarse a sí mismos. Y así es como perdemos el amor, cuando la conversación ya es solo con nuestra imagen frente al espejo.

Aunque es un poema que puede interpretarse desde otros prismas, ofrece al lector diferentes percutores desde los que disparar las reflexiones sobre el siempre complicado (y demasiado reflexionado) arte de amar.


Nota de David Rubio. Feb. 2016

Poema original: Bolero

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.