He aquí que tú estás sola…, Jaime Sabines

El poeta vive con la amada pero ambos están alejados el uno del otro. La soledad los rodea. La rutina lo invade todo, haciendo que la sensación de soledad aumente. La relación está rota y, aunque hay conexión en las rutinas, emocionalmente no hay nada que los una. Para el poeta, la relación está destinada a fracasar, es como una muerte en vida.

El poema avanza temporalmente y nos sitúa en el momento posterior a la ruptura de la relación. El poeta no sabe que es de ella, pero se da cuenta de que era su otra mitad. Recuerda todo de ella: su físico, su olor, el tacto, gusto y las sensaciones que despertaba en él. Ahora que no está, está más presente en su interior y recuerdos. El poeta cree que a ella le pasa lo mismo. Siente que ambos, separados, alejados el uno del otro, se echan en falta y desean estar juntos de nuevo. El poeta está dispuesto a volver a su lado, lo desea.

La ruptura amorosa es temática frecuente en la poesía. Es importante destacar que siempre se ve desde el punto de vista del protagonista del poema, en este caso el hombre. No se nos dice quién es la mujer, no se nos la describe físicamente, aunque sí se tiene presente a la mujer en el poema. Tampoco se nos dicen cuáles fueron las causas de la separación.

El poema, como leemos, es una sucesión de recuerdos en torno a la amada, en torno a los sentimientos que despertaba en el protagonista del poema, o que la relación ya estaba rota. Sin embargo, como suele ocurrir, hay un deseo de recuperar esa relación, de que la amada vuelva y finalmente vemos como el poema se convierte en un canto al amor, a recuperar el tiempo perdido porque, según una de las partes, todavía hay algo entre ellos.

Es por ello que nos queda la sensación de que el poeta, después de haber mostrado sus sentimientos, deja en manos de la amada la decisión de volver o no a su lado. De esta manera queda un final abierto al que el lector tiene que dar respuesta con su imaginación, con sus sentimientos y con su deseo de que la relación entre ambos vuelve a existir o no.


Nota de Susana Marín. Nov. 2015

Poema original: He aquí que tú estás sola…

He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.