Amor, Julia de Burgos

El amor entra la vida para transformarlo todo. Es algo en lo que hay que creer, tener fe, sabiendo que no conocemos qué sucederá, el destino de los pasos que damos en nuestro camino vital. La poeta es consciente del paso del tiempo y de sí misma. Sus anhelos también se van sucediendo pero no como ella quiere.

Los días perdidos son irrecuperables y desaparecen, no regresan. Las decisiones vitales, si son erróneas, afectan a nuestra vida y no podemos echar la vista atrás para recomponerlas. Hemos de seguir hacia delante. La poeta tiene dudas existenciales que afectan a su ánimo y a sus creencias.

La poeta no sabe qué hacer o cómo conseguir sus propósitos. Está en un estado de incapacidad e incertidumbre. Tiene que decidirse entre su deseo o abandonar este. El amor irrumpe con toda su vida y lo desmorona todo, hasta la última gota de inocencia, transformando todo lo que tiene a su alrededor y su propia vida.

Aquí estamos ante una nueva visión del amor en la poesía. No se nos habla de si ella está enamorada mucho, poco o nada, no se nos dice quién ha interrumpido en su vida ni se nos describe física o psicológicamente. Lo único que se nos plantea es que ese sentimiento, el amor, ha aparecido y ha generado una transformación profunda en la poeta, en su vida y que esta va a provocar una transformación interior y exterior de su trayectoria vital.

Estamos ante lo que podemos considerar dudas existenciales de la poeta. La protagonista de los versos, que está indecisa y sabe que la decisión final va hacer tambalear todo lo que hasta ahora ha recorrido, vivido y conocido. Por lo que nos sugiere el poema, podemos entender que la decisión final puede ser la de cambiar y transformar pero, al no hacerlo directamente, nos ofrece un final abierto en el que cada uno de los lectores podemos pensar y dar nuestro propio final al poema, haciéndonos también partícipes del mismo, preguntándonos qué haríamos en la misma situación. Es por ello que estamos ante un poema en la que la poeta nos involucra y nos hace ver con sus propios ojos una parte de su mundo interior.


Nota de Susana Marín. Oct. 2014

Poema original: Amor

Amor...
única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.

Aquí,
desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.

Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.

¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!

¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!

¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...!
¡Multiplican en ecos!

Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!

Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma...
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.

Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!

¡Amor...!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.