Vivo sin vivir en mí, Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús, autora del poema que nos ocupa, nació en Ávila en el año 1515 y murió en Salamanca en 1582. Ella, junto a Fernando de Herrera o Fray Luis de León, perteneció al grupo de poetas que surgió en el segundo Renacimiento. Con diecinueve años ingresó en un convento de carmelitas, y siempre destacó por ser revolucionaria y muy inteligente. Escribió muchas obras literarias de cariz religioso y místico que fueron y son todavía los poemas místicos más relevantes en lengua castellana.

Vivo sin vivir en mí es un poema que consta de cinco estrofas de las cuales la primera tiene tres versos y las demás siete. Forman un total de treinta y un versos octosílabos que presentan la forma de estribillo y mudanza propia de un Villancico.

El tema central de la obra es el propio de la poesía mística: la unión perfecta con Dios

Esta unión perfecta sólo puede alcanzarse por medio de la muerte. Santa teresa de Jesús trata de expresar su deseo de morir para volver a estar junto a Dios. Los versos recuerdan a un poema de amor normal, enamoramiento, pero trasladado a la experiencia religiosa se convierte en un profundo amor a Dios y deseo de Él. Todo este deseo de llegar a Dios por medio de la muerte Santa teresa lo expresa fundamentalmente a partir de una compleja paradoja, cuyos versos son, posiblemente, las palabras más famosas de la literatura española: Vivo sin vivir en mí, aunque en la cultura popular no todo aquel que las pronuncia sabe contextualizarlas.

En cuanto a la división del poema en subtemas, podríamos dividirlo precisamente en cinco partes haciéndolas coincidir con las cinco estrofas. La primera estrofa es la introducción y el estribillo: nuestra poetisa anhela la vida que viene detrás de la muerte con tanto deseo que rechaza y desprecia la vida terrenal que posee en el momento de escribir sus célebres versos: “muero porque no muero” (verso 3). En la segunda parte nos cuenta que desde el momento en el que sintió la llamada de Dios a ser su sierva (verso 7) supo dejarlo todo (verso 4) y vivir en Él (verso 6).

Por tanto, ella ya ha pasado la etapa de sacrificio

En la tercera estrofa nos confiesa la poetisa que también ha superado la etapa o vía iluminativa y ahora no es su corazón esclavo sino su alma; y no es esclava de la vida sino de su deseo de llegar a Dios. La cuarta estrofa viene introducida por dos fuertes exclamaciones (versos 18 y 19) con las que se lamenta de todo aquello que la separa de su Señor: su cuerpo y su vida (cárcel e hierros: verso 20). La última parte del poema es un ruego a la vida en el que le pide que la abandone y le permita, así, alcanzar la etapa unitiva en la que morirá y se irá con Dios. Y un ruego a la muerte en el que le declara su amor y deseo (verso 30).

La paradoja y la antítesis son los recursos literarios con mayor presencia en este poema

El Ser humano ha sido creado por Dios para que ame la vida y no tema la muerte; amar a la muerte más que a la propia vida genera una cadena inevitable de pensamientos y sentimientos contradictorios. No obstante también encontramos muchas metáforas (versos 6, 9 y 20); interrogaciones retóricas (versos 27 y 28) y apóstrofe a la vida (verso 26) y a la muerte (verso 30).

Ciertamente aquellas personas que son capaces de deshacerse de las cadenas que las atan a la vida terrenal gozan de una libertad pura; y este poema es realmente emotivo y bello. Pero habrá que plantearse si Dios nos ha creado para pasar la vida rogándole ser muertos.


Nota de Victoria Jorrat. May. 2014

Poema original: Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.