La Vida Sencilla, Octavio Paz

En este poema el poeta nos habla de cómo la sencillez es lo mejor para una vida plena. Cuanto más en la complicamos, más difícil hacemos nuestro camino. La importancia de que no falte alimento, el trabajo y el descanso es importante. Sin embargo para el poeta es más importante trabajar para vivir y no el vivir para trabajar.

Nos invita a hacer más caso a lo que nuestro cuerpo, a lo que nuestra intuición nos indica. También nos dice que la felicidad es la parte más esencial de nuestra vida. Hemos de disfrutar de los placeres de la vida sin descontrolarnos, sin abusar de ellos, sin que estos se adueñen de nuestra vida.

Debemos entender que cuando necesitamos alguien de verdad, sobre todo en los malos momentos, una persona puede sorprendernos con su apoyo porque, en muchos casos, no siempre es la que nosotros consideramos «amigo». Esa mano amiga, que puede ser la de un extraño, es tan o más importante que la de alguien que conozcamos del día a día y que sintamos que está dentro de nuestro círculo íntimo.

También nos habla de que la soledad puede ser algo positivo y necesario para hacernos sentir mejor y más fuertes. Hemos de pasar duelos en diferentes momentos de nuestra vida y debido a todo tipo de causas y son estos duelos los que nos van a hacer más fuertes y que nos van a ayudar en nuestro camino vital de una manera muy relevante.

También nos dice que es mucho mejor hacer lo que deseamos que estar toda la vida deseando hacer algo pero que jamás lo llevamos a cabo también debemos compartir y ayudar a los demás con lo que podamos, porque todos somos personas y podemos estar en la misma situación que otros que no han entendido la misma suerte.

De las pérdidas de los seres queridos, ya sea porque haya desaparecido en nuestra vida no se hayan muerto, hemos de tomar aquello que sea positivo y que nos aporte algo en nuestra vida. Es por ello que el día de la muerte del poeta, según nos indica el poema, este desea que se le perdonen los pecados cometidos y espera poder vivir eternamente.


Nota de Susana Marín. Oct. 2014

Poema original: La Vida Sencilla

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes ?papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento?
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos...
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.