Vida Retirada, Fray Luis de León

Fray Luis de León, a lo largo de las estrofas de este poema, quiere invitarnos a una vida retirada como forma de unión con Dios y, al mismo tiempo, como modelo para desprendernos de todo tipo de vanidad, egoísmo y la búsqueda de la felicidad a través de los bienes terrenales.

El poeta elige el retiro espiritual como camino de sabiduría, tomando como modelo a muchos otros sabios que han buscado este modo de vida como vía de búsqueda de su propia espiritualidad. Continúa con esta idea en la segunda estrofa haciéndonos entender que quien escoge este camino, está libre de los pensamientos y sentimientos humanos negativos como la soberbia, ni se deja influenciar por riquezas o el estatus social. En la tercera estrofa nos indica claramente que quiere escapar de la fama, de los cotilleos, de las palabras vacías, que son habituales en la sociedad en la que él ha vivido.

En la cuarta estrofa nos hace una apreciación y se pregunta sí mismo cómo es posible encontrar la felicidad en elementos tan sencillos como puede ser el viento. El mismo se contesta entendiendo, según su criterio, que son creaciones divinas.

Continúa en la quinta estrofa desarrollando esta idea de la naturaleza. Así, el poeta busca dejar atrás la vida terrenal y, al mismo tiempo, encontrar ese primer contacto con la divinidad. En la siguiente estrofa sigue desarrollando la temática de la naturaleza deseando ser libre como los pájaros que viven lejos de las urbes, de las ciudades, interpretando esto como que en ellas las aves están enjauladas o, por lo menos, prisioneras.

En la séptima estrofa el poeta desea descubrirse a sí mismo y desprenderse de los sentimientos, encontrado esa unión con Dios. Continúa en la siguiente estrofa con esa idea de la unión, del vínculo del poeta con la tierra. Es una metáfora en la que labrador se ocupa de cuidar el campo para que su fruto crezca y se muestre. De la misma manera quiere cuidar su camino de retiro y, al mismo tiempo, su fe.

En una nueva estrofa el final del camino es una fuente como símbolo de sabiduría. El agua calma su sed, lo refresca y además es símbolo de pureza. Sus sentimientos son cristalinos. Indica que el camino, a partir de ahí, estará lleno de belleza, preñada de color.

Continúa con la siguiente hablando de que la vida en el campo hace olvidar los deseos terrenales y materiales. Desarrolla esto hablando de cómo con distancia se puede ver a quién le ha cambiado la suerte y lo ha perdido todo o a los que luchan por tener un poco más, sin llegar nunca a ser felices con lo que tienen.

Una nueva estrofa cambia la temática y nos habla de cómo el poeta, como en todo camino, puede tener dificultades e incluso dudas espirituales. Por eso desea una vida sencilla en todos los aspectos y se conforma con una simple mesa y un cubierto sencillo, que para él es más valioso que una vajilla de oro. Siendo este argumento en las dos últimas estrofas, nos habla de que sus momentos de felicidad puede ser un momento de descanso o cantando rodeado de naturaleza. Por eso, su pequeño espacio es un reino y, en él, ha encontrado esa unión con Dios.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Vida Retirada

¡Qué descansada vida 1
la del que huye del mundanal ruïdo, 2
y sigue la escondida 3
senda, por donde han ido 4
los pocos sabios que en el mundo han sido; 5

Que no le enturbia el pecho 6
de los soberbios grandes el estado, 7
ni del dorado techo 8
se admira, fabricado 9
del sabio Moro, en jaspe sustentado! 10

No cura si la fama 11
canta con voz su nombre pregonera, 12
ni cura si encarama 13
la lengua lisonjera 14
lo que condena la verdad sincera. 15

¿Qué presta a mi contento 16
si soy del vano dedo señalado; 17
si, en busca deste viento, 18
ando desalentado 19
con ansias vivas, con mortal cuidado? 20

¡Oh monte, oh fuente, oh río,! 21
¡Oh secreto seguro, deleitoso! 22
Roto casi el navío, 23
a vuestro almo reposo 24
huyo de aqueste mar tempestuoso. 25

Un no rompido sueño, 26
un día puro, alegre, libre quiero; 27
no quiero ver el ceño 28
vanamente severo 29
de a quien la sangre ensalza o el dinero. 30

Despiértenme las aves 31
con su cantar sabroso no aprendido; 32
no los cuidados graves 33
de que es siempre seguido 34
el que al ajeno arbitrio está atenido. 35

Vivir quiero conmigo, 36
gozar quiero del bien que debo al cielo, 37
a solas, sin testigo, 38
libre de amor, de celo, 39
de odio, de esperanzas, de recelo. 40

Del monte en la ladera, 41
por mi mano plantado tengo un huerto, 42
que con la primavera 43
de bella flor cubierto 44
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 45

Y como codiciosa 46
por ver y acrecentar su hermosura, 47
desde la cumbre airosa 48
una fontana pura 49
hasta llegar corriendo se apresura. 50

Y luego, sosegada, 51
el paso entre los árboles torciendo, 52
el suelo de pasada 53
de verdura vistiendo 54
y con diversas flores va esparciendo. 55

El aire del huerto orea 56
y ofrece mil olores al sentido; 57
los árboles menea 58
con un manso ruïdo 59
que del oro y del cetro pone olvido. 60

Téngase su tesoro 61
los que de un falso leño se confían; 62
no es mío ver el lloro 63
de los que desconfían 64
cuando el cierzo y el ábrego porfían. 65

La combatida antena 66
cruje, y en ciega noche el claro día 67
se torna, al cielo suena 68
confusa vocería, 69
y la mar enriquecen a porfía. 70

A mí una pobrecilla 71
mesa de amable paz bien abastada 72
me basta, y la vajilla, 73
de fino oro labrada 74
sea de quien la mar no teme airada. 75

Y mientras miserable- 76
mente se están los otros abrazando 77
con sed insacïable 78
del peligroso mando, 79
tendido yo a la sombra esté cantando. 80

A la sombra tendido, 81
de hiedra y lauro eterno coronado, 82
puesto el atento oído 83
al son dulce, acordado, 84
del plectro sabiamente meneado. 85

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