Del mundo y su vanidad, Fray Luis de León

Los que tenéis en tanto1
la vanidad del mundanal ruïdo,2
cual áspide al encanto3
del Mágico temido,4
podréis tapar el contumaz oído.5

Porque mi ronca musa,6
en lugar de cantar como solía,7
tristes querellas usa,8
y a sátira la guía9
del mundo la maldad y tiranía.10

Escuchen mi lamento11
los que, cual yo, tuvieren justas quejas,12
que bien podrá su acento13
abrasar las orejas,14
rugar la frente y enarcar las cejas.15

Mas no podrá mi lengua16
sus males referir, ni comprehendellos,17
ni sin quedar sin mengua18
la mayor parte dellos,19
aunque se vuelven lenguas mis cabellos.20

Pluguiera a Dios que fuera21
igual a la experiencia el desengaño,22
que daros le pudiera,23
porque, si no me engaño,24
naciera gran provecho de mi daño.25

No condeno del mundo26
la máquina, pues es de Dios hechura;27
en sus abismos fundo28
la presente escritura,29
cuya verdad el campo me asegura.30

Inciertas son sus leyes,31
incierta su medida y su balanza,32
sujetos son los reyes,33
y el que menos alcanza,34
a miserable y súbita mudanza.35

No hay cosa en él perfecta;36
en medio de la paz arde la guerra,37
que al alma más quieta38
en los abismos cierra,39
y de su patria celestial destierra.40

Es caduco, mudable,41
y en sólo serlo más que peña firme;42
en el bien variable,43
porque verdad confirme44
y con decillo su maldad afirme.45

Largas sus esperanzas46
y, para conseguir, el tiempo breve;47
penosas las mudanzas48
del aire, sol y nieve,49
que en nuestro daño el cielo airado mueve.50

Con rigor enemigo51
las cosas entre sí todas pelean,52
mas el hombre consigo;53
contra él todas se emplean,54
y toda perdición suya desean.55

La pobreza envidiosa,56
la riqueza de todos envidiada;57
mas ésta no reposa58
para ser conservada,59
ni puede aquélla tener gusto en nada.60

La soledad huida61
es de los por quien fue más alabada,62
la trápala seguida63
y con sudor comprada64
de aquellos por quien fue menospreciada.65

Es el mayor amigo66
espejo, día, lumbre en que nos vemos;67
en presencia testigo68
del bien que no tenemos,69
y en ausencia del mal que no hacemos.70

Pródigo en prometernos71
y, en cumplir tus promesas, mundo, avaro,72
tus cargos y gobiernos73
nos enseñan bien claro74
que es tu mayor placer, de balde, caro.75

Guay del que los procura,76
pues hace la prisión, a do se queda77
en servidumbre dura,78
cual gusano de seda,79
que en su delgada fábrica se enreda.80

Porque el mejor es cargo,81
y muy pesado de llevar agora,82
y después más amargo,83
pues perdéis a deshora84
su breve gusto que sin fin se llora.85

Tal es la desventura86
de nuestra vida, y la miseria della,87
que es próspera ventura88
nunca jamás tenella89
con justo sobresalto de perdella.90

¿De dó, señores, nace91
que nadie de su estado está contento,92
y más le satisface93
al libre el casamiento,94
y al que es casado el libre pensamiento?95

«¡Oh, dichosos tratantes!»,96
ya quebrantado del pegado hierro,97
escapado denantes98
por acertado yerro,99
dice el soldado en áspero destierro,100

«que pasáis vuestra vida101
muy libre ya de trabajosa pena,102
segura la comida103
y mucho más la cena,104
llena de risa y de pesar ajena».105

«¡Oh, dichoso soldado!»,106
responde el mercader del espacioso107
mar en alto llevado,108
«que gozas de reposo109
con presta muerte o con vencer glorioso».110

El rústico villano111
la vida con razón invidia y ama112
del consulto tirano,113
que desde la su cama114
oye la voz del consultor que llama;115

el cual, por la fianza116
del campo a la ciudad por mal llevado,117
llama, sin esperanza118
del buey y corvo arado,119
al ciudadano bienaventurado.120

Y no sólo sujetos121
los hombres viven a miserias tales,122
que por ser más perfetos123
lo son todos sus males,124
sino también los brutos animales.125

Del arado quejoso,126
el perezoso buey pide la silla,127
y el caballo brioso128
(mirad qué maravilla)129
querría más arar que no sufrilla.130

Y lo que más admira,131
mundo cruel, de tu costumbre mala,132
es ver cómo el que aspira133
al bien, que le señala134
su misma inclinación, luego resbala.135

Pues no tan presto llega136
al término por él tan deseado,137
cuando es de torpe y ciega138
voluntad despreciado,139
o de fortuna en tierno agraz cortado.140

Bastáranos la prueba141
que en otros tiempos ha la muerte hecho,142
sin la funesta nueva,143
de don Juan, cuyo pecho144
alevemente della fue deshecho.145

Con lágrimas de fuego,146
hasta quedar en ellas abrasado147
o, por lo menos, ciego,148
de mí serás llorado,149
por no ver tanto bien tan malogrado.150

La rigurosa muerte,151
del bien de los cristianos invidiosa,152
rompió de un golpe fuerte153
la esperanza dichosa,154
y del infiel la pena temerosa.155

Mas porque de cumplida156
gloria no goce —de morir tal hombre—157
la gente descreída,158
tu muerte les asombre159
con sólo la memoria de tu nombre.160

Sientan lo que sentimos;161
su gloria vaya con pesar mezclada;162
recuérdense que vimos163
la mar acrecentada164
con su sangre vertida y no vengada.165

La grave desventura166
del Lusitano, por su mal valiente,167
la soberbia bravura168
de su bisoña gente,169
desbaratada miserablemente,170

siempre debe llorarse,171
si, como manda la razón, se llora;172
mas no podrá jactarse173
la parte vencedora,174
pues reyes dio por rey la gente mora.175

Ansí que nuestra pena176
no les pudo causar perpetua gloria,177
pues, siendo toda llena178
de sangrieta memoria,179
no se pudo llamar buena vitoria.180

Callo las otras muertes181
de tantos reyes en tan pocos días,182
cuyas fúnebres suertes183
fueron anatomías,184
que liquidar podrán las peñas frías.185

Sin duda cosas tales,186
que en nuestro daño todas se conjuran,187
de venideros males188
muestras nos aseguran189
y al fin universal nos apresuran.190

¡Oh, ciego desatino!,191
que llevas nuestras almas encantadas192
por áspero camino,193
por partes desusadas,194
al reino del olvido condenadas.195

Sacude con presteza196
del leve corazón el grave sueño197
y la tibia pereza,198
que con razón desdeño,199
y al ejercicio aspira que te enseño.200

Soy hombre piadoso201
de tu misma salud, que va perdida;202
sácala del penoso203
trance do está metida:204
evitarás la natural caída,205

a la cual nos inclina206
la justa pena del primer bocado;207
mas en la rica mina208
del inmortal costado,209
muerto de amor, serás vivificado.210

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Análisis

Fray Luis de León, continuando con su poesía religiosa y nos ofrece en esta ocasión un texto en el que nos desarrollará su visión de algunos de los males del ser humano, en este caso el del peligro de la vanidad, un sentimiento que muchas personas padecen.
Comienza el texto con una llamada a los lectores acerca del poema en la que advierte a los vanidosos, a los que compara con las víboras, que sí tienen esos sentimientos, pueden dejar de leer el poema que él ha escrito. En los siguientes versos habla de que utilizará a la inspiración, su musa, para crear una poesía triste, irónica, en la que denunciar las maldades del mundo y del ser humano.

Así, los versos pretenden llamar la atención y hacer reaccionar al lector y que éste se sorprenda. Las palabras parecen quedar sin sentido ya que no son capaces de expresar todo lo que el poeta quiere decir. Al mismo tiempo pide a Dios que lo que él quiere expresar no sea tan real como puede ser, porque entonces dudaría de la propia esencia del ser humano.

Uno de los puntos importantes para el poeta es que lo creado por Dios y por el hombre no tiene que ver con la temática de este poema. Para el, la vanidad es un sentimiento mucho más profundo y que se enfrenta a la propia fe. El poeta no comprende las leyes y la justicia humanas y, además, no le gusta que esta cambie según conveniencia. De hecho, es consciente de que no es perfecta y de esa imperfección nacen las guerras, que alejan al hombre de Dios y del buen camino.

Continúa hablando de lo voluble del ser humano y de cómo esto influye en sus creencias, en sus actos y decisiones. Esta idea se desarrolla en los siguientes versos hablando de cómo el hombre está perdiendo la esperanza y de cómo esa pérdida lo hace más variable en sus deseos, anhelos y la propia fe.

El hombre pelea consigo mismo sin perder ni ganar y no está contento con nada. Es por ello que el poeta habla de las bondades de la soledad, equiparándola con la tranquilidad. Para él es algo que el hombre busca en muchos momentos, ya sean los que tienen fe o los que la perdieron y quieren volver a reencontrarla.

La vanidad es como un espejo que nos devuelve una imagen irreal de quien somos y es testigo de nuestra propia hipocresía. Nos hace promesas que no cumple y cuando nos damos de bruces con la realidad hay que pagar una factura muy cara. Lo único que hace es encerrarnos en un castillo de cristal, algo irreal que no existe.

Continuando con esta idea, incide en todo lo que pierde el vanidoso cuando todo desaparece, y no sólo se refiere a la parte material. Tenemos que darnos cuenta de que, en nuestra vida, tenemos subidas y bajadas, pero tenemos que ser conscientes de que cada amanecer es una oportunidad. El poeta se hace una pregunta retórica referida a la volubilidad del hombre y de cómo esto afecta sus deseos (el soltero quiere casarse y el casado quiere volver a ser soltero).

Cambiando la temática, el poeta nos compara la vanidad con el momento en que un soldado se va a morir y se da cuenta de que en ese instante de que, realmente, a los poderosos sólo les importa mantener su status y su economía y que su muerte no significan nada. La propia vanidad del soldado lo condujo a una muerte que no será recordada por quienes lo enviaron a luchar.

Pero la vanidad no sólo afecta al poderoso, también afecta a las escalas sociales más bajas, como a los campesinos, que envidian al que rige, al que vive en la corte y cuya ocupación es la de recoger los frutos de lo plantado a modo de impuestos.

Fray Luis de León hace aquí una pequeña crítica social por la que refleja la idea del campesino que se queja de su miseria, que no se le deja mejorar y que, cuanto más tiempo pasa, su pobreza aumenta. Se critica la labor del campo como un tipo de trabajo que sólo da penas y es muy duro. Por otro lado, también se apunta que la bondad de los campesinos no se valora y que no se les deja cambiar su condición social ni mejorar.

Hay una referencia al rey Don Sancho como persona cuyos valores alejan del hombre vanidoso y que puede ser modelo para muchos, como persona y como regente. Su muerte parece que fue una pérdida de la esperanza cristiana. El poeta quiere que su recuerdo perdure en la memoria y que su muerte sea vengada. Para él era un regente respetado por su fuerza, por su bravura…, por todos, incluidos sus enemigos. Incluso las victorias posteriores sobre los moros, para él son menos importantes porque Don Sancho ya no está. Habla de otros reyes que pasaron y que murieron sin pena ni gloria, regentes que han ayudado a que un imperio se destruya.

Finalmente retoma nuevamente el tema de la vanidad y hace un ruego para que desaparezca todo rastro de ella y, por extensión, de un pecado muy importante, la pereza. Para el poeta es importante desterrar esos sentimientos, que son muy atractivos y poderosos pero, a la vez, muy destructivos. Por eso, si los eliminamos, se renunciamos a estos, su vacío lo ocupará el amor.

Nota de Susana Marín.

Marín, Susana. Mar., 2014. Del mundo y su vanidad, de Fray Luis de León. Poemario. Acceso en https://poemario.com/del-mundo-y-su-vanidad/