Una Pregunta, José Gautier Benítez

El poeta no quiere saber por qué brilla el sol, no busca una respuesta científica a lo que siente. Sólo quiere saber, ante un atardecer de nubes y un infinito color rojo, si es correspondido por su amada. El poeta se dirige a la luna y su belleza clara y brillante. Quiere saber cómo se siente la mujer que desea. Quiere ser parte de sus pensamientos.

Cuando la mira más tranquilo, en toda su intensidad, el ve a la amada hermosa y casi virginal y vuelve otra vez a querer saber si ella le tiene presente en sus pensamientos. La brisa, de la misma forma que se enreda en la cara y cabellos de la mujer, puede saber si ella piensa en él y es por eso que se lo pregunta como si de una persona se tratará.

La belleza de la amada es inmensa y la noche no puede compararse a su lado. Es esa oscuridad la que le hace pensar más en ella y en la incertidumbre de sentirse correspondido o no. Pero también es testigo de la ansiedad del poeta por conocer los sentimientos de la amada. Todo lo que le rodea, el día y la noche, le hace preguntarse si ella siente lo mismo que él.

Estamos ante un poema en el que el poeta expresa de una manera exagerada, excesivamente intensa, su amor y admiración hacia la mujer que ama. Es un torrente de sentimientos, de deseo, de miedo al rechazo y una incertidumbre constante de lo que ella puede estar pensando sobre él.

Cuando leemos y releemos este poema, nos entra una sensación de angustia y, hasta cierto punto, ansiedad, ante la inseguridad del protagonista del mismo, ofreciéndonos una imagen negativa y obsesiva del mismo. Como suele ocurrir en muchos poemas, no se nos ofrece una descripción de la mujer, es más una imagen mental del poeta o una visión que algo real y, hasta cierto punto, parece que tiene la obligación de dar respuesta positiva a las peticiones del poeta, ya que en caso contrario nos encontraríamos con la situación trágica y desproporcionada ante el exagerado amor de este hacia ella.


Nota de Susana Marín. Ene. 2015

Poema original: Una Pregunta

Sol espléndido y radiante
en la ancha esfera sujeto;
no te pregunto el secreto
de tu esplendor rutilante.

Ni por qué, nube distante
tiñes de ópalo y rubí;
pero perdóname si
te pregunto en mi querella,
¿si estará pensando en mí
como estoy pensando en ella?

Luna, brillante topacio
que, entre nebuloso tul,
cruzas la techumbre azul
de las alas del espacio.

Si se fijaron despacio
sus bellos ojos en ti,
y si la miraste, di
si estaba doliente y bella,
si estaba pensando en mí
como estoy pensando en ella.

Mar inmenso que te agitas
sobre tu lecho de arena,
y que ora en bonanza plena
tus olas no precipitas;

tú que bañas las benditas
riberas donde viví,
los sitios donde la vi
tan pura, tan dulce y bella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Brisa, que acaso pasando
jugaste con sus cabellos,
tú que besaste su cuello
su mejilla acariciando,

Y que luego murmurando
te fuiste lejos de allí,
si eres la misma que aquí
pasas sin marcar tu huella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Noche apacible y serena
por más que te cause enojos,
que sean más bellos sus ojos
y más negra su melena,

Presta un consuelo a mi pena
ya que sufriendo viví,
y pues no llega hasta aquí
el resplandor de esa estrella,
responde, si piensa en mí,
como estoy pensando en ella.

Nubes que en blanco celaje
bordáis el manto del cielo,
cual aves que alzan el vuelo
sobre el inmenso paisaje,

decidme si en vuestro viaje
lejos, muy lejos de aquí,
llegasteis a verla, y si
respondéis a mi querella,
si estaba pensando en mí,
como estoy pensando en ella.

Sol y luna, mar y viento,
nubes y noche, ayudadme,
y en vuestro idioma contadme
si es mío su pensamiento;

si es igual su sentimiento
a este que mi pecho hiere,
decid si mi amor prefiere
a la calma que perdió;
¡decidme, en fin, si me quiere
lo mismo que la amo yo!